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Segunda parte II. DEL .JUICIO UNIVERSAL Además del juicio particular, vendrá al fin de los tiempos el Juicio universal de toda la huma– nidad. La sentencia del particular no será re– tractada, ni. modificada; porque Dios es infalible en sus juicios. La misma que después de la muer– te Dios intimó al alma será confirmada, pública– mEnte manifestada y solemnemente promulgada. LuEgo después de la muerte gozan o penan sólo las almas; después de la resurrección general go– zarán o penarán también los cuerpos; todo el compuesto humano será objeto de glorificación y de rfprobación, de premio o de castigo. El com– purnto mereció o desmereció, el compuesto debe rt:cibir las sanciones debidas. Pero, ¿por qué ha de venir el Juicio universal? ¿No basta el particular? No, es necesario también el universal. Es un artículo de fe contenido en Antiguo y Nuevo Testamento, defmido por la IglP– sia y creído por los fieles. Las Sagradas Escrituras, los Santos Padres, nos hacen descripciones pavo– rosas del Juicio final; hasta las artes plásticas nos han pintado con vivos colores y emocionantes escenas el Juicio universal. .. Podemos indicar algunas razones que exigen el Juicio universal: l." El alma es el agente principal de la ini– qu:dad; de ella depende el libre consentimiento; pero el cuerpo aporta también su contribución en cada una de las culpas; es cómplice y frecuente– mente provocador; es, pues, justo que rinda cuen– ta a Dios. La justicia divina no seria completa si el cuerpo no participa de las penas del aln1':l.
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