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258 <<ALVERNIA)) que obraron el bien irán a la vida eterna; los que obraron el mal, al suplicio eterno» (134). San Pedro escribe: Hermanos, esforzaos más y má~ para asegurar vuestra vocación y elección (135) San Pablo, temiendo el juicio de Dios, decía: Castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre; no sea que habiendo predicado a los demás, ven– ga yo a ser reprobado (136l. Dejemos los proble– mas de la predestinación, las hipótesis fantásti– cas, los temores subjetivos e infundados; la úni– ca manera de resolver la predestinación, el úni– co medio para recibir una sentencia favorable, es nuestra vida. Después de la muerte recibirá la sentencia de réprobo el que ha vivido como ré– probo; recibirá la sentencia de justo quien ha vivido como justo; así lo exige el curso ordinario de la divina Providencia, el cual debe ser la nor– ma de nuestras espera.nzas y de nuestros a.etas; no la.s cosa.s extra.ordinarias y posibles que Dios con su omnipotencia puede realizar. Ten pre– sente el consejo del Espíritu Sa.nto que te dicP por el Eclesiástico: Antes del Juicio prevara la jus::ic:a para ti (137). (134) Qui bona cacrunt, ibunt in vitam aeternam · qui vero mala, in illnem aetern1lm. S¡;inb. Athan. ' (135) Fraires, mauis satallite, ut per bona opera cer– tain i·estrmn vocationem, et electionem Jaciatis. JI Petr., I, 10, (136) Castillo corpus menm, et in servitutern redigo: ne fcrte r,-1¡,,n nliis praeclicat·erim, ip_-e reprobus cfficiar. II Cor., IX. 27. 1187¡ Ante f11dici11111 para justitimn tíbi. Ef'cli., XVIII. 19,
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