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254 ((ALVEftNIAll vino Juez abrirá e iluminará el libro de mi con– ciencia, en el que veré escrita toda mi vida hasta en sus más pequeños pormenores. En el día del Juicio, dice S. Bernardino, se ha de abrir el li– bro de la conciencia, según el cual cada uno ha de ser juzgado (118). Dios, que nos entregó todo cuanto tenemos en administración para que negociáramos con los bienes de naturaleza y de gracia, se dirigirá al alma, y le dirá: Ríncleme razón de tu aclminis– tración 019). Yo te he dado tu alma, tus poten– cias, tu cuerpo, tus sentidos, todo cuanto tienes en el orden de la naturaleza y de la gracia, para que negociaras con ello. Ahora es el momento de que me rindas cuentas. Ríndeme cuenta de tus p::nsamientos, deseos, palabras, accio11ies, omisiones, cooperaciones al mal; de tu vida interior y exterior, de tu con– ducta privada y pública... Ríúdeme cuenta de tus obligaciones como hom– bre, como cristiano, como religioso, como sacer– dote ... Rindeme cuenta de tu profesión, de tus oficios, de tus empleos, de tus gestiones ... Rindeme cuenta cómo has observado la ley de Dios, de la Iglesia, de tu Orden, tus deberes in– dividuales... Rindeme cuenta cómo huiste de las ocasiorn's. de los peligros, del mundo, demonio y carne; có– mo venciste los pecados capitales, los vicios, las pas:ones, los apetitos desordenados ... Rí:1deme cuenta de los odios, envidias, vengan– zas, murmuraciones, críticas, faltas de caridad ... Ríndcme cuenta de las infracciones de tus vo– tos, de tus reglas, de tus leyes, de tus obliga– ciones... Ríndeme cuenta cómo has trabajado por ad– quirir la perfección religiosa, practicar las vir– tudes: la humildad, la pobreza, la obediencia, la i 118) S. Eernard.. Sermo fcriae III post Domin. Palm., a. 3, c. 3, ¡ 119) Reclde tuae. Lnc., XVI, 2.
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