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DÍA IV.-«DIES TIMORIS)) 253 dona al buen ladrón, arrepentido, y muere por la salvación de todos; ni tampoco el Dios de la Eucaristía, que espera, llama, acoge con amor a todos los que van a visitarlo, amigos y enemigos, justos y pecadores, ricos y pobres... En el día del Juicio, Jesucristo se presentará al alma como Juez Supremo, justo e inflexible, como Rey soberano y de tremenda majestad, Rex tre– mendae majestatis (114). Ya pasó el tiempo del oerdón y de la misericordia; ahora es el mo– inento de la justicia. ¿Quién podrá estar delante de la cara de su indignación? (115). Es horrendo caer en las manos de un Dios viviente (116). <'.¿Cómo podré subsistir delante del Juez? ¿Cómo podré levantar mi cabeza en aquel terrible y grande examen, cuando mande numerar todos mis días y busque los frutos que en ellos he pro– ducido?» ( 117). Con temor y te1'1blor se presen– tara el alma delante del Juez infalible, que co– noce todos los secretos más íntimos de su con– ciencia. 2.º ¿Quién será e¡ acusado?-El reo acusado seré yo mismo, considerado según todas mis re– laciones: Yo, hombre racional, creado por Dios para conocerle, amarle y servirle; yo, cristiano, elegido para ser hijo de Dios entre tantos millu– nes de paganos que no han recibido la gracia del bautismo; yo, religioso, separado del mundo y de todos sus peligros y colocado con predilección en el ameno jardín del estado religioso, donde pue– do con facilidad atender al negocio de mi santi– ficación; yo, sacerdote, revestido de la dignidad más grande que puede haber sobre la tierra ... Ademas de estas relaciones generales, se añadi– rin otras part:culares de mis cargos, oficios, ocu– paciones que haya e,i2rcido en este mundo. El di- t 114) Dies irae... (115) Ante faciem indignationis cius quis stabit? Nalium, 1, 6. 1116) Horrenclum cst inciclere in munus Dei viventis. f!ebr. X. 31. 1117) S. Bonnv., Qper. Omn., t. VIII, Soliloq., c. 1, S. 3, n. 11, p. 33.

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