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248 «ALVBRNIA>l tribulación, lo pasajero del penar y lo eterno del gozar. San Pedro de Alcántara se apareció a Santa Teresa de Jesús, y le dijo: «¡Oh, feliz pe– nitencia, que me has procurado tanta gloria en el cielo! (97). En la penitencia, en la mortifica– ción, en la cruz llevada con resignación, encon– tramos muchas ventajas en ésta y en la otra vida. «En la cruz-dice el autor de la Imitación– está la salud, en la cruz encontramos la vida, en la cruz nos defendemos de los enemigos, en la cruz recibimos infusiones de celestial suavidad, en la cruz se robustece la mente, en la cruz se en– cuentra. el gozo del espíritu, en la cruz se halla la suma de la virtud, en la cruz se adquiere la perfección de la santidad» (98). Jesucristo nos dijo que para salvarnos es nece– sario abnegarnos y odiarnos. El que ama su alma, la perderá; y el que la odia en este mundo, la salvará (99). Si nos amamos a nosotros mismos, es decir, nuestras concupiscencias, nuestras pa– siones, nuestro amor propio ..., nos perderemos; pero si nos odiamos, mortificando nuestro cuer– po, reprimiendo nuestras pasiones, sometiendo nuestra parte inferior a la superior, nuestro cuer– po a nuestra alma, nuestra alma y todo nuestro ser a Dios, nos salvaremos. Combatiendo el buen combate de Cristo (100), luchando como valien– tes soldados, triunfaremos, y recibiremos en el día de las recompensas la corona inmortal de la glo– ria que no dará el justo Juez. (97) Breviario, d!a 19 oct., lect. IV. (98) Imit. Ghristí, l. II, cap. 12. (99) Qui amat animan suam perdet eam: et qui odit animam suam in hoc mundo, in vitam aeternmn custo– dit eam. Joann.. XII, 25. (100) Bonum certamen certavi..., II Tim., IV, 7.
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