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236 <<ALVERNIAll tados (81); pero después de su conversión, les curaba, les lavaba Y, como dice en su Testamen– to: «Antes me parecía amargo ver los leprosos, pero después el Seüor me condujo entre ellos y usé de misericordia con ellos, y lo que antes me parecía amargo me fué convertido en dulcedmn– bre del alma y del cuerpo»· (82). 4. 0 Mortificación del gusto. «El apetito del gus– to se nos ha dado, dice David de Augsburgo, para sustentar la naturaleza y que podamos conti– nuar en el servicio de Dios y merecer mucho; el alimento moderado, parco y uniforme prolonga la naturaleza, no oprime, sino repara las fuer– zas)> (83), Se puede faltar a esta moderación de cuatro maneras: comiendo o bebiendo praepope– re, o sea antes de sentir necesidad, fuera de las horas seflaladas, sin razón suficiente, sólo por sa– tisfacer la gula; laute et studiose, procurando manjares y bebidas exquisitas preparados estu– diosamente, para excitar el deleite y dar más gusto al paladar; nimis, comiendo o bebiendo demasiado, más de lo que pide la necesidad o la conveniencia; el exceso no sólo es contra la ra– zón y la virtud, sino que perjudica también la salud corporal; ardenter, comiendo con ansia, con cierta avidez, semejante a algunos animales que se lanzan a devorar la presa. El vicio de la gula debilita la vida intelectual y moral, quita las fuerzas a la voluntad, prepara a los deleites de la voluptuosidad, causa alegria excesiva, que lle– va a la murmuración, a la locuacidad y revela– ción de secretos, a bromas pesadas y de mal gus– to; abre las puertas a la inmodestia, a los asaltos del enemigo, y causa otros muchos daños a sí mismo y a los demás. Santo Tomás seflala cin– co hijas a la gula: «la inepta leticia, la choca– rrería, la inmundicia, la locuacidad y la estupi- (81) Thom. Celano, cap. VII, n. 17. (82) Cfr. Testamento, in Opuse., p. 77. (83) David Ab Agusta, O. F. M., De exterioris et in– terioris hominis compositione, lib. II, cap. XXIlI, Qua– racchi. 1899.

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