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232 ({ALVETINIA)) el reino rle los cielos que con clos ojos en el in– fierno (73). Es, pues, necesaria la mortificación rn los ojos. Hay miradas gravemente pecaminosas que hie– ren el pudor y manchan la castidad; hay otras peligrosas que pueden mover a tentación; no l1ay que decir que todo cristiano y religioso debe mortificarse no mirando objetos que le exciten a la culpa. La Escritura dice: No fijes los ojos en la belleza de la joven, no sea que te escan– dalices en sn decoro l74.l. Por esto el cristiano que quiere salvar su alma debe mortificarse en todo aquello que es ilícito o peligroso mirar. Si queremos tender a la perfección rcEgiosa es necesario también rnortitlcarse en las cosas lícitas que no son necesarias o útiles, porque la curio– sidad de los ojos trae consigo muchos males; por lo menos, llena el alma de objetos molestos, de distracciones en la oración. Vista divagada, alma distraída. Es necesaria mucha cautela en las mi– radas: en la inmodestia en el vestir, en la inmo– ralidad de las costumbres, en la procacidad de las exhibiciones, en el realismo del arte y de la li– teratura, en la licencia de las representaciones, etcétera. La mortificación de los ojos nos librará de muchos peligros y de muchas molestas tenta– ciones. El religioso debe llevar los OJOS en el suc:– lo y el corazón en el cielo. Mortificar la vista y la curiosidad aun de las cosas licitas, pero que no nos interesan. Tenemos un ejemplo de morti– ficación en la vida del seráfico Padre: «Hacia fi– nes de 1209 vino a la ciudad de Asís Otón IV, que el 4 de octubre había recibido en Roma la corona imperial. El camino que seguía el emperador pa– saba junto a la choza de Rivo-Torto, donde al presente moraba Francisco con los suyos. Todo el mundo acudía presuroso a ver al emperador germánico, con su radiante pompa y su brillante '73) Si oculus tims scanclalizat te, erue eum, et proZ– ice abste: bonum tibi est cum uno aculo in vitam in– trare, qmiin cl1io,; oc-u1os habentem rnitti in gehennarn ignis. Matth., XVIII, 9. (74) lliroinem ne conspicias, ne forte scanclalizeris in clecore eius. Eccli .. tx, 5.
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