BCCCAP00000000000000000000622

DÍA IV.-«Dms TI!VlOHIS)) 229 ----------------------- santidaú uHJJ. ¿Corno se puede veri11car esto sin mortificación continua y constante? ¿Cómo po– demos tener caridad, si no mortificamos la ira, la envidia, la lengua? ¿Cómo seremos humildes, si no mortificamos el orgullo, la soberbia, la am– bición? ¿ Cómo seremos castos, si no mortificamos tl cuerpo con ayunos, vigilias, disciplinas, vesti– do áspero, cama dura; si no mortificamos los ojos, la curiosidad; si no evitamos las compañías y amistades peligrosas? ¿Cómo practicaremos la templanza, si no mortificamos la gula? ¿Cómo observaremos la pobreza, si de nada nos quere– mos privar, si buscamos comodidades y multipli– camos las exigencias de la vida? En el estado actual de la natura:eza caída para practicar las virtudes es indispensable la mortificación, tomada en toda la extensión de la palabra. No puede el alma llegar a la unión mística con Dios si no se ha despojado completamente de sí misma y de las cosas que no son de Dios o a El conducen. El desasimiento de cuanto no sea Dios o de todo aquello que no sea para más aproximar– nos a Él es necesario para la perfección. El al– ma asida a la criatura hácese semejante a ella; cuanto más crece la afición, tanto más la seme– janza; porque pone el amor una razón de igual– dad entre el amante y el amado... Pues quien ama la criatura, bájase a la condic:ón de ella, y aun rebáj ase más; porque no se contenta el amor con la igualdad, sino que llega hasta la esclavi– tud. Por esta razón, el alma que fuere esclava de cosa alguna que no sea Dios, e3 incapaz de la unión pura y de la transformación en Dios, por– que la bajeza, de la criatura se halla más lejos de la alteza del Criador que la luz de las ti– nieblas. Para llegar, pues, a la perfección, es necesario reformar todo el hombre, dirigirlo a Dios; edu– car sus sentidos y potencias; transformarlo es- 169) Deponcre vos seeundum pristinam eonver,atio– nem. ,·eterem hominen ... et induite nov1Lm hominem, qui sceundum Deum. ereatus est in iustitia, sanetitate veri– tatis. Ephes., IV, 20-24.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz