BCCCAP00000000000000000000622

228 «ALVERNIA)) de Cristo sobre nuestro cuerpo (65). Los que son de Cristo crucifican su carne con los vicios y con– cupiscencias (GG). Cierto que es duro el padecer, pero cuando contemplamos a nuestro divino Mo– delo que camina delante de nosotros con una cruz mucho más pesada, que nos invita, nos ani– ma, nos exhorta y nos ayuda a seguirle, ¿cómo nos atrevemos a negarnos, a quejarnos y huir del dolor? 3.º La mortificación es necesaria para la san– tidad. Jesús no nos hubiera mandado llevar la cruz en pos de Él si no fuera necesaria para ad– quirir la perfección. Los santos y maestros de la vida espiritual di– cen que es absolutamente necesaria la mortifica– ción para adelantar en la santidad. Tanto avro– vecharás, dice la Imitación, cuanta fuerza te ha– gas a ti mismo (G7J. Generalmente nos detienen en el camino de la santidad dos cos2.s: horror difficultatis, labor certarninis. El horror a la di– ficu:tad y trabajo del combate, que sustancial– mente son una sola cosa: la negación y resis– tencia a los placeres de la vida y a las tenden– cias de la naturaleza inferior. Para progresar en la santidad es necesario domar las pasiones, re– primir nuestros desordenados apetitos, somé:'ter nuestro entendimiento a la autoridad y a la ley; negar muchas veces nuestra propia voluntad; destruir el amor propio; soportar con paciencia el dolor, la humillación, la adversidad; despren– derse de las cosas terrenas y aficiorn:rse sólo a las celestiales; gustar de las cosas del cielo, 1w de las cosas de la tierra ( GB); mortificar nues– tros miembros para despo_iarnos clel hombre vie– jo y rc,•estirnos del nuera creaclo en justicia y (65) Mcrtificationem Icsu in ccr¡Jcre nostro circ1t111- fcrcntcs. II Cor., IV, 10. (66) Qui cmtcm :unt Ghristi, carnem suam crucifi– rcrm?t cnm ritiis et concupiscentiis. Gal., v. 24. (67) Tantum proficies 01iantum tibi ipsi vim intuleris !1nif r, 7 ,,,.,¡~fi. L L can. 25. · (68¡ Quae sursum sunt sapite, non quae super terram. Col., III, 2.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz