BCCCAP00000000000000000000622
DÍA IV.-«DIES TIMORISl> 227 todo aquello que constituye materia de pecado grave. Todo cristiano y todo religioso está obli– gado a observar la ley de Dios y los deberes propios de su estado; de lo contrario, adquiere graves responsabilidades, y le exigirán estrecha cuenta el día del Juicio. Sabemos que las le– yes no se pueden observar si no se dominan las pasiones, si no se mortifican los apetitos, si no se lucha contra los enemigos de la salvación.' La gloria tiene razón de corona, y es necesario ga– narla luchando. 2. 0 La mortificación es necesaria para seguir a Cristo. Nuestro divino Maestro nos enseña que para ser sus dü,cípulos es necesaria la abnegación.. Si alguno, dice, quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz todos los días y siga– me (61). Toda la vida de Jesús fué cruz y mar– tirio (62); desde que vino al mundo hasta que murió, el dolor le acompañó; fué humillado, de,;– preciado, abandonado de los hombres. Todos los que tienden a la perfección tendrán también por compañeros el dolor, la humillación y la tribula·– ción. Además, para abnegarse es necesario mor - tificar las afecciones, las propias inclinaciones, las pasiones desordenadas; tomar la •cruz todos los días hasta subir al calvario de nuestra vida. El que no renuncia todas las cosas que posee no p1tede ser mi discípulo (63); sin la renuncia de si mismo y de las cosas exteriores no se puede pertenecer a la escuela de Cristo. El que no toma la cruz y me sigue, no es digno de Mí (64). Para ser secuaces e imitadores de Jesús es necesario tomar la cruz sobre nuestras espaldas y no de– jarla caer; sabiendo que Jesús nos la manda, es– tamos también ciertos que nos dará la gracia. Nos dice S. Pablo que llevemos siempre la cruz (61) Si quis vult venire post me, abnevet semetip– sum, et tollat erueern suam quotidie et sequatur me. Luc., IX. 23. (62) Imit. Crist., l. II. cap. XII. (63) Qui non renuntiat om.nibus quae pos·idet. non potcst esse meus discipulus. Luc.. XIV. 33. (64) Qui non aeci1Jit erueem suam, et sequitur me, non est me dignus. Matth., X. 38.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz