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226 «.A LVER NI A)) dad que las activas, porque no las buscamos y no son tan visibles a los hombres. Las interio– res en general suelen ser más excelentes que las exteriores, pero todas son necesarias y se han de practicar simultáneamente. II. NECESIDAD DE LA MORTIFICACION EN GENERAL La necesidad de la mortificación es muy paten– te y no necesita demostración; se puede decir que casi toda esta conferencia versa acerca de su ne– cesidad, pero no será inútil que indiquemos al– gunas razones para estimularnos más a la prác– tica de este medio de perfección. l.º La mortificación es necesaria para la sal– vación. Existen mortificaciones que nos obligan gravemente, y, no practicándolas, nos hacemos reos de condenación eterna, tales, por ejemplo, el ayuno y la abstinencia en los días de precepto, la huida de las ocasiones peligrosas, en las cua– les fácilmente caemos en pecados mortales. Sin mortificación no se puede observar la castidad, porque dice el Señor: Todo aquel que mira a una mujer para desearla, ya cometió adulterio con ella en su corazón !58). Hay miradas peligrosas y lascivas, las cuales estamos obligados a evitar. Si tu. ojo derecho te escandaliza, sácalo y arrója– lo de ti; porque más vale que se pierda una parte de ti, y no que todo el cuerpo sea lanzado al in– fierno (59). San Pablo nos dice también: Si vi– viereis según la carne, moriréis; mas si con el espíritu hacéis morir las obras de la carne, vivi– réis (60). Para vivir eternamente es necesario mor– tificar los apetitos y pasiones, por lo menos en (58¡ Omnis (]Ui viderit mulierem ad conc,npiscend11m earn, iam moechat11s est eam in carde s110. Matth., V, 27. ( 59) Quod si oculus hl11s dexter scandalizat te, er11e eu.m, et proíice abs te; expedit enim tibi 11t pereat 1m11m membror11m tnorum, ouam totum corpus mittat11r in gehenam. Matth., V, 29. (60) Si enim secunclum carnem 1•ixcritis, moriemini: si cmtem Spirítu jacta carnis mortificaveritis, vivetis. Rom., VIII, 13.

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