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DÍA lV.-«DIES T~MORIS)J 223 seer a Dios; en mortificar nuestra vida tempo– ral y material para vivir una eterna y espiritual; en morir a nosotros mismos para vivir en Cristo. Por esto se ve que la mortificación no es sólo una virtud; es un conjunto de virtudes que se com– prenden bajo esta denominación. No es el fin de la perfección, sino un medio necesario para ad– quirirla. En la Biblia y en los autores de Ascética se hallan varias expresioc1es que sustancialmente in– dican lo mismo. Será útil recordar algunas más comunes y que nos manifiestan claramente el concepto de la verdadera mortificación cristiana bajo distintos nombres. a) Se suele llamar renunciamiento; porque Jesucristo dijo: El que no renuncia todas las cosas, no puede ser mi discípulo (48). Para se– guir a Cristo es necesario renunciar a los bienes exteriores, como hicieron los Apóstoles, que, de– jando todas las cosas, fueron en pos del divino Maestro. La voluntad renuncia al apego de los bienes exteriores, que le pueden impedir la adqui– sición de la santidad; repudia los apetitos des– ordenados que exigen satisfacciones contrarias al orden sobrenatural. bl Abnegación o negación de sí mismo, que consiste en reprimir el amor desordenado de nos– otros mismos, de nuestras inclinaciones, de nues– tros deseos, de nuestras aspiraciones que no sean legitimas y ordenadas, según la voluntad de Dios. Jesús nos dijo: Si alguno quiere venir en pos de Mi, niéguese a sí mismo (49). c) Crucifixión de la carne y de sus concupis– cencias, clavándolas en la cruz por la completa sujeción a la ley evangélica. La voluntad por el odio que tiene a la parte inferior, que se rebela contra ella, la atormenta a manera de una cru– cifixióc1 espiritual. San Pablo usó también de esta (48) Q1lí non renuntiat omníbus quae pos·ídet, non potest esse meus discípulus. LtLC., XIV, 33. (49) Sí quis vult post me venire, abneget semetíp– smn. Luc., IX. 23.
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