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222 «ALVERNIA)) cribe que la carne pugna contra el espíritu, y el espíritu contra la carne (47). Hay, pues, en nos– otros una lucha, un conflicto entre dos partes li– tigantes que ambicionan el predominio. Siendo nosotros hijos de Dios y habiéndonos comprometido a vivir como verdaderos discípu– los de Cristo, observando la ley evangélica y ten– diendo a la perfección de la vida cristiana y re– ligiosa, se comprende .fácilmente que debemos combatir la parte inferior; mortificar los desor– denados apetitos que nacen de la naturaleza corrompida; renunciar al amor desordenado de riquezas, de honores y placeres; moderar las pa– siones humanas, según los dictámenes de la ra– zón y de la ley; someter nuestra parte inferior a la superior, la naturaleza a la gracia, el hom– bre al Creador, la razón a la fe. I. Naturaleza de la mortificación. II. Necesidad de la mortificación en general. I. NATURALEZA DE LA MORTIFICACION ¿Qué es mortiticación? Esta palabra, tomada etimológicamente, suena a privación de vitalidad, pero en un sentido cristiano y ascético tiene una significación que, lejos cte acarrear la muerte o la destrucción, atrae la vida sobrenatural del que 1::, practica. Podemos definirla dicie'1do que es la lucha contra las malas inclinaciones para some– terlas a la voluntad, y ésta a Dios, con el fin de conseguir la perfección de la vida cristiana. Con– sistc> en vencer los obstáculos de la naturaleza hu– mana caída que nos impiden la vida de la gra– cia; en restablecer el equilibrio y el orden jerár– quico. entre nuestras facultades; en despojarnos de los bienes materiales para poseer los espiri– tuales; en renunciar a nosotros mismos para po- (47) Caro enirn concupiscit adversus spiritum; spi– ritus autem aclversus carnern. Gal., V, 17.

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