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DÍA TV.-(<D!ES TIMORIS)) 215 de muchas no he hecho caso como ignorante. ¡Qué descuidos en el delicado voto de castidad! ¡Qué de superfluidades y abusos en el voto de pobreza! ¡Qué rebeliones contra la obediencia! ¡Qué de repugnancia en someterme a la autori– dad! El pecador verá y se irritará (27). Dirá para sí: ¿Qué me aprovecharon todas esas cosas que pasaron como una sombra? ¿Qué fruto he repor– tado de mis satisfacciones, de mis placeres, de mis egoísmos, de mis aficiones, de todas esas co– sas de las cuales ahora me avergüenzo y con– fundo? (28). La vista de lo J]resente me acongoja. Ahora me veo obligado a dejar todo cuanto más amaba: placeres, honores, títulos, puestos honoríficos, diversiones, pasatiempos, personas amigas, pa– rientes... ¡Qué amarga separación! La concien– cia me dice que debiera hacer confesión gene– ral de mi vida relajada; pero me falta la volun– tad y las fuerzas; el tiempo urge, los dolores me atormentan... En fin, que al moribundo le falta la paz y la tranquilidad ... Lo futuro me espanta. ¿Qué será de mi? Debo presentarme delante del Supremo Juez y rendir– le cuenta del último cuadrante. Dame cuenta de tu negociación... Dios dirigirá estas palabras a los pecadores obstinados: Os llamé muchas ve– ces y no me obedecisteis; extendí mi mano invi– tándoos a venir a Mí, y no me prestásteis aten– ción; despreciásteis mis consejos y no tuvisteis en cuenta mis reprensiones; Yo también me reiré en vuestra perdición; os despreciaré cuando venga sobre vosotros lo que temíais; cuando caiga so– bre vosotros la calamidad repentina y os embista la muerte como una tempestad (29). ¡Qué terri– bles amenazas del Seüor a los que se hicieron sor– dos a sus voces e ingratos a sus gracias! Mise– rable pecador, ve ahora a los ídolos a los cuales serviste, amaste y adoraste; diles que te den (27J Peccator videbit, et irascetur. Ps. CIX, 10. (28) S. Bonav.• Soliloq. c. I, paragr. III, n. 15, t. VIII, p. 34. (29) Prov., I, 24-28.

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