BCCCAP00000000000000000000622
DÍA IV.-«DIES TIMORIS>l 209 remedio; quieras o no, has de pagar tributo a la muerte... b) La muerte acaecerá una sola vez.-Otra certidumbre terrible de la muerte es que suce– cederá una sola z,ez. Si se pierde un ojo, resta el segundo; si te amputan un brazo, te queda el otro. Si te quitan una vez la vida, no te queda otra. Si pierdes una vez en el juego, puedes ga– nar otra. Si pierdes unc1, vez el alma, no la pue– des ganar de nuevo. Si te sale mal un negocio, puedes emprender otro. Si te sale mal el negocio de la salvación, no puedes emprender otro para negociar la vida eterna. No hay más que una sola vida, no se muere más que una sola vez. Si pier– des la vida, no volverás a nacer en este mundo. Si pierdes una vez el alma, no tienes potestad para recuperarla. Si mueres mal, no puedes repe– tir la muerte para corregirla. Cual sea tu muerte, tal será tu eternidad. Una mala vida quizá pue– da rep:::rarse al último momento; una mala muer– te no puede repararse jamás. Si el alma se halla en gracia de Dios, dichosa para siempre; si está en pecado mortal, desgraciada por toda una eter– nidad. Donde caiga el arbol, allí se quedará. Ahora dime: Si hubieras muerto en tal oca– sión, en tal circunstancia, después de haber co– metido tal pecado, ¿dónde estarías? Si Dios no hubiera tenido misericordia de ti, inmediatamen– te después del pecado te hubiera cortado la exis– tencia, ¿qué seria de ti por toda una eternidad? ¡Oh Señor, por tu inmensa misericordia no fui destruido y condenado para siempre (12). Can– taré eternamente las misericordias del Señor, porque me esperó y me dió tiempo para arrepen– tirme... Hermano mio, no puedes jugar con la muerte; porque si una sola vez pierdes la partida, no la puedes repetir de nuevo. ¡Oh momento, del cual depende la eternidad! ¡Oh momento que deci- (121 MisericorcUac Domini quia non swmus consumpti. Thren., III. 22.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz