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204 «ALVERN!A)) pecarás jamás (1). Dice S. Antonio a este propó– sito: «Como las áncoras amarran las naves y las contienen para que no choquen contra las rocas, del mismo modo, la memoria de los Novísimos contiene nuestra vida para que no caiga en el pecado» (2). Por esto es necesario meditar con frecuencia en los Novísimos, a fin de alejar de nos– otros el pecado grave. El primero de ellos es la muerte, cuya consideración ofrece grandes ense– fianzas para saber vivir. La muerte es maestra de la vida. Contiene verdades evidentes y miste– rios impenetrables; certezas, incertezas y proba– bilidades. La meditación de unas y de otras nos será de gran utilidad espiritual. Por tanto, tra– taremos de reflexionar con atención soore los si– guientes puntos: I. Naturaleza de la muerte. II. Certidumbres de la muerte. III. Incertidumbres de la muerte. IV. Probabilidades de la muerte. V. Enseñan:zas de la muerte. l. NATURALEZA DE LA MUERTE La muerte tiene dos caras: una que mira ha– cia atrás y ve las cosas del tiempo; otra que mira hacia adelante y ve las cosas de la eter– nidad. La muerte es el tránsito del tiempo a la eternidad; de las regiones visibles a las invisi– bles; de las cosas temporales a las eternas. En efecto: ¿Qué es la muerte? La muerte es el tér– mino de una vida terrena, corporal y física; esen– cialmente, consiste en la separación de los dos elementos que forman el viviente: la materia y la forma, el cuerpo y el alma. El elemento es– piritual y subsistente vuela a las regiones de la (1) In omnibus operibus tu~s men~orare novissima tua et in aeternum non peccalns. Eccli., VII, 40. (2) serm. Domin., 19 past Pent., vol. I, p. 504. Ed Patavina, 1895.
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