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APÉNDICES 649 merables Misas, que 106 misioneros cele– ,bran cada año en favor de los biehecho– res de las Misiones, 6.o Por fin, como todos los religiosos de ambos sexos, cuyos Institutos están encargados de Misiones entre infieles, se encuentran entre los que más ayudan a la Obra de la Propagación de la Fe, que con largueza envía a todas las Misiones todos los años recursos importantes, no habrá peligro alguno de que ellos pidan limosnas a los fieles con detrimento de la Obra. Los ,fieles cristianos podrán ayu– dar, por razones especiales, a los Institu– tos misionales ,particulares y a cada uno de los misioneros, pero con subordina– ción a las prescripciones pontificias en favor de las Obras oficiales, entre las que la Obra pontificia de la Propagación de la Fe ocupa el primer lugar. 7.o Desde el día 15 de mayo de 1926, todos los días, a las nueve de la mañana, en la cripta de la Basílica Vaticana, don– de se veneran las cenizas del Prindpe de los Apóstoles, se celebra el santo sa– crificio de la Misa por los difuntos que fueron socios de la Obra o ,por aquellos otros en cuyo sufragio se ha dado una limosna a la Propagación de la Fe. LOS CENTROS DIOCESANOS Lo Es de todo punto necesario que en cada una de las diócesis se constituya no sólo una Junta, sino un Centro n «ofi– cina diocesanall. 2.0 Para mayor eficacia y economía, se han fundado con gran fruto en algunas diócesis los llamados Secretariados dio– cesanos de Misiones, los cuales miran por el desarrollo y organización de las tres Obras pontificias. 3.o De todos modos, el Centro diocesa– no no ha de ser una oficina simplemente burocrática, sino un corazón que cree Y lleve Yida misional a todos los puehlos y entidrrdes de la diócesis. 4.o Este CentTo se ha de encargar: a) de c-studiar 1111 plan racional y sistemá– tico de .propaganda y organización; b) de suscitar fuerzas e inquietudes misionales y de apro\·echar las que broten en los Centros católicos; c) de vigilar la mar– cha de las Obras, las posibles desorien– taciones y deshacer los errores y dificul– tades que surgieren; d) de ayudar a los ¡párrocos en el cumplimiento de su deber misional; e) de crear propagandistas y combinarlos adecuadamente para el fin de la propaganda de la Obra ; f) de apro– vechar las circunstancias que se ofre– cieren. 5.o Los gastos ocasionados por el Cen– tro u oficina misionales serán siempre reproductivos. El labrador que no quiere gastar en la compra de La semilla y en los trabajos de siembra, se queda sin cosecha. 6.o Es im!l)ortantisimo que los Directo– res y Centros diocesanos est<f,n en conti– nua y frecuente comunicación con la Se– cretaría Nacional de la Obra de la Pro– pagación de la Fe. 7.o Los Directores y Centros diocesa– nos encontrarán ayuda eficacisima en las .Juntas diocesanas de Señoras y en los grupos de colectores y almas buenas en las diversas entidades de carácter piado– so y social. 8.o Principal rpreocupación de los Cen– tros diocesanos ha de ser la formac·ión misional de los sacerdotes. Para ello po– drán acudir a la Unión Misional del Cle– ro diocesano y nacional fundados con ese fin. DE LA JUNTA O C02\USION PARROQUIAL J.o Siendo la Parroquia como la célula yital de la diócesis, es evidente la nece– sidad de que la Obra se constituya en ella con estabilidad. De aquí depende todo el desarrollo de la Obra. En la Pa– rroquia precisamente se ha de dar el nombre y la limosna. Inútiles serán los esfuerzos del Centro Nacional y del Con– sejo diocesano sin la cooperación fervo– rosa de la Parroquia. Véase, pues, cuán equivocados andarán los Consejos dioce– sanos al abandonar la propaganda por todas las Parroquias de ia diócesis y al no esforzarse !I)Or entusiasmar a los re– verendos Párrocos y conseguir su coope– ración. La ramificación, pues, y organi– zación de la Obra no se limita a la ca– pital de la diócesis, sino que tiene qut~ extenderse a todas las Parroquias. Conozca, rpor tanto, el Pán-oco cuán in1portante es para la vida parroquial el educar a los fieles en cuestiones misio– nales; esté cierto de que Dio3 pagará el celo 'I)Or las 1\1isiones con bendiciones abundantes para to d os , especialmente confirmando la fe de sus feligreses, sus– citando rvocaciones al estado eclesiástico y religioso, purificando las cnstumhres y fomentando toda clase de virtudes. Pero si, olvidándose de que el don de la fe de sus feligreses no es un don exclusi– 'vamente personal, «que se ha de recibir de modo egoísta}}, sino un bien común «que se ha de proporcionar a otros», es apático y negligente en todo lo que a las Misiones atañe, inútilmente esperará el progreso espiritual de su Parroquia. 2.o Siendo el Párroco, por derecho, di- recto:.: de Obra en s:-1 Parroquia, esco-

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