BCCCAP00000000000000000000621

636 P. IV.-CIENCIAS AUXILIARES Los protestantes tienden también a nacionalizar las Iglesias, estableciendo nuevas sectas indígenas en las regiones. De este modo logran una unión de cooperación administrativa que ayuda mucho a los cristianos para ejercer influencia en el país. Los misioneros protestantes pueden emprender y realizar todas esas obras de educación, beneficencia y civilización con mayor efi– cacia que los misioneros católicos, por los cuantiosos auxilios eco– nómicos que reciben. Si bien las misiones protestantes no dan los frutos permanentes de las misiones católicas, sin embargo, el trabajo, la organización y la generosa cooperación de nuestros Hermanos Separados nos deben servir de estímulo para esforzarnos a ocupar antes que ellos el campo, a fin de que el mundo reciba la doctrina católica y entre en la única Iglesia verdadera fundada por Jesucristo, Salvador de toda la humanidad. III. El peligro protestante.-Las breves indicaciones que aca– bamos de hacer nos pueden persuadir con cuánta razón se lamen– taba el Pontífice Pío XI cuando, en 1926, dijo a los predicadores cuaresmales de Roma: «La propaganda protestante se presenta bajo un aspecto verdaderamente alarmante y doloroso. Es cierto que no hace protestantes convencidos, sino más bien indiferentes y desorientados, que no saben en qué creen; pero eso mismo cons– tituye ya un peligro enorme» (24). Es precisamente en las regiones cuyo campo de acción es más amplio y la población más numerosa, donde los resultados son más alarmantes, como en las poblaciones de la India y de la China, en que el protestantismo causa mayores estragos. Pastores, diaconisas, médicos, auxiliares, maestros, cate– quistas, trabajan con ardor; construyen, viajan, catequizan, pre– dican, escriben, enseñan y se agitan sin cesar por extender sus dominios y ocupar las mejores posiciones estratégicas. IV. Defectos en el apostolado.-Muchos y muy esenciales son los que tienen las misiones y misioneros protestantes; a éstos les falta la verdadera vocación y llamamiento divino, el espíritu de sacrificio y la santidad de vida. Sus fines proselitistas son más lucrativos, materiales y nacionalistas que sobrenaturales. No pro– pagan la verdadera palabra de Dios, sino la Biblia con sus adulte– raciones ; no crean organismos jerárquicos, sino aglomeraciones sin unidad. Numquid divisus est Christus? En sus conversiones, (24) Cfr. Osscrvatore Romano, 17 de febrero de 1926. El que desee más noticias sobre las misiones protestantes puede consultar al P. MANNA, La conversión del mun– do infiel, pp. 9éi y sigs.; HILillIÓ!\1 GIL, La hora de Dios, Burgos, 1923; HAECK, El pro– testantismo y las Misiones, en núm. extraord. de E! Siglo de las Misiones, diciem– bre 1929.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz