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624 P. IV.-CIENCL\S AUXILIARES nero por excelencia, y declarada por ellos como la única fuente del pensamiento teológico y misionológico. Se impone, pues, una revisión de los escritos de los Novadores bajo el punto de vista misionero para conocer con certeza su posición histórica y doc– trinal respecto a los problemas misionales ( 4). La actividad misionera entre los protestantes se manifiesta claramente a fines del siglo xvn por medio de la institución de Compañías o Sociedades que, de una manera o de otra, se ocupan de la propagación del Evangelio. Entre los Anglicanos se formó en 1698 la Society for Promoting Christian Knowledge, y en 1701 la Society for the Propagation of the GospeL in Foreign Parts (5). La primera debía proveer de libros religiosos a los ingleses de la patria y de las colonias ; la segunda, enviar ministros y maes– tros a las colonias. El fundador de la Cuáqueros, Jorg.e Fox (1624- 1691), en 1661 envió algunos secuaces a China; el Pastor puritano G. Elliot (1604-1690) se dedicó a la conversión de los indios de Massachussets; entre los calvinistas holandeses se encuentra tam– bién algún esfuerzo; así, por ejemplo, la Dutch East India Com– pany intervino en 1622 en la fundación del Seminarium Indicum, que debía proveer de ministros a las colonias de la Compañía. En Alemania, el jefe del movimiento misionero fué Jacob Spen– cer (1635-1705) que defendió la obligación de las misiones en sus sermones predicados en Francfort, Dresde, Berlín, etc. Además, Spencer influyó literariamente despertando las ideas misioneras en el conocido filósofo Leibniz, que tenía correspondencia con los misioneros de la China. Un verdadero hecho misionero fué la formación de la llamada Mision danesa. Federico IV, rey de Di– namarca, deseaba misioneros para la India Oriental danesa, para esto confió al pedagogo Augusto Hermann Francke escoger y pre– parar los misioneros. Los dos primeros enviados a las colonias de la India Oriental danesa fueron Bartolomé Ziegenbalg (1863-1719) y Enrique Pleutschau, pero esta misión no tuvo notable éxito. Fué discípulo del pietista Francke el Conde Nicolás Luis Zin– zendorf (1700-1760), el cual concedió hospitalidad en sus posesio– nes a algunos bohemios prófugos del propio país y los reunió en un centro llamado Hernnhut y les dió el nombre de Hermanos (-!) Cfr. P. JUAN MARÍA, 0. C. D., l. C., p.p. 46-47. (5) «Es admisible, hasta cierto punto, que en los siglos xvr y xvn, y aun después, se la (a la Reforma) impidió el dedicarse a la obra de las Misiones. Pero también es cierto que nada ni nadie ha im;pedido a los mismos reformadores justi– ficar teóricamente las Misiones y examinar los :fundamentos en la Sagrad'l Escritura, que ellos han comentado en numerosas obras, afirmando reiteradas veces que ella es la única y fundamental fuente de toda la revelación. Esta tarea, en verdad ardua. ha sido emprendida en nuestros días por la '!)Ublicación de un gran número de ediciones críticas de las obras principales de :os Reformadores y por la publicación de -ciertas colecciones, entre las cuales la más importante es el cowus Reform.atorum, cfr. o. c., :p. 49. El mismo P. JUAN examina críticamente esta cuestión en ,a II parte de su tesis doctoral: II Raisons internes (doctrinales) de la negation ou de l'affir– mation de !'idée missionnaire dans le protestantisme du XVIe, XVIIe et XVIIIe siec!es. Ms. fols. 307-608, Roma. 1939-40. Biblioteca de Propaganda Fide.
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