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CAP. IV.-OBSTÁCULOS DEL APOSTOLADO 359 nero se encontrará, las más de las veces, solo, sin guía, sin maestro, sin gramática del idioma hablado. Esta dificultad no es posible vencerla totalmente en un momento; requiere tiempo, atención, observación, trabajo y paciencia. 490. 4. Cultura inferior.-Puesto ya el misionero en contacto y comunicación con los indígenas, conocido suficientemente su idioma, no ha dado más que los primeros pasos. Tiene que ir penetrando en su mentalidad, que se halla, a veces, en un nivel de desarrollo muy inferior. Por este motivo le costará hacer en– tender las verdades del catolicismo, las nociones q_ue requieren alguna abstracción mental y algún razonamiento un tanto elevado. Esta dificultad crece, si sus inteligencias están dominadas por algún error recibido por tradición o presentado con capciosas sutilidades. El cambio de convicciones, el asentimiento a nuevas ideas descono– cidas y contrarias a sus sentimientos, la transformación intelec– tual y moral de una personalidad ya determinada, con el escaso desarrollo de la inteligencia, ofrecen obstáculos a las conversiones prontas y sinceras. El proceso será largo y pesado; pero no im– posible. La gracia de Dios, la claridad de la verdad en sí misma, la caridad, dulzura, ingenio y constancia del abnegado misionero evangélico, acabarán por convencerlos. El método intuitivo, las comparaciones sencillas y el simbolismo presentado con claridad, ayudarán a la comprensión de las verdades. La autoridad cientí– fica del misionero, su ascendiente cultural, unidos al buen ejemplo y santidad de vida, lograrán dominar los ánimos más rebeldes. 491. 5. La corrupción.-En algunas regiones los indígenas se conservan relativamente puros y se someten con docilidad (3). En otras es más profunda la corrupción moral. La lujuria, la vio– lencia, la perfidia, el cinismo cruel, el egoísmo salvaje, la feroci– dad brutal, etc., unido todo a la falta de cultura material e inte– lectual, convierten a esos infelices en seres degradados. A ello puedc:n contribuir, además de la malicia ignata y del vicio adqui– rido. el atavismo, el temperamento, el clima y otros factores de orden físico-fisiológico. Abrigar la esperanza de que el misionero cambiará rápida y radicalmente esas costumbres, más o menos arraigadas, es com– pletamente pueril e ilusorio. Aunque la gracia de Dios es omni– potente, sin embargo, no hace milagros sin necesidad, y eso rara vez. De ordinario, el gobierno divino de las almas se acomoda a la naturaleza. Los convertidos semejantes al de Tarso son muy pocos. Hasta puede ocurrir que, a pesar de los esfuerzos, persista el 131 Cfr. P. A. PERBAL, Les conversions aux Glases Po!aires, en Les Coni:ersions, Compte rendu de la huit. Sem. de Miss. de ILouvain, 1930. pp. 129 y sig;;.
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