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358 P. II.-1\USIONOLOGÍA JURÍDICA entre los antropófagos. Otras de carácter tímido, huirán llenas de miedo, retirándose a la selva. Los primeros contactos siempre serán difíciles y llenos de recelos. Los medios y formas de atracción pueden ser diversos: servirse de intermediarios conocidos; enviarles objetos que llamen su atención, como juguetes, regalitos y cosas que exciten su curiosi– dad; usar de la música instrumental o vocal, como hacían San Francisco Solano y los jesuítas en el Paraguay: ganarse las sim– patías con limosnas y obras de caridad; emplear, en fin, todos los medios prudenciales que estc'.~n al alcance del misionero (1). 488. 2. Los jefes.-Las familias, clanes, tribus o pueblos sue– len gobernarse por jefes o caciques, cuyas severas órdenes siguen ciegamente. En este caso, lo primero que debe hacer el misionero es ganarse su simpatía y amistad, con la cual podrá conseguir cuanto quiera; sin ella nada hará. El representa la colectividad, ejerce sobre ella poderoso influjo, y, en ocasiones, llega hasta el despotismo. Mientras él se resista, los esfuerzos serán infructuo– sos; cuando él se aproxime y se gane, se habrá dado el paso de– cisivo; los restantes no ofrecerán ordinariamente dificultades de importancia (2). Se les insinuará que no se les ha de privar del mando; que se corroborará su autoridad y se les prestará todos los honores acostumbrados. El desprecio y la inconsideración sus– citarían antipatía, recelo o irritabilidad, perjudiciales a la causa del misionero. 489. 3. Idiomas.-Hay idiomas ya conocidos que poseen gra– máticas y vocabularios propios. En este caso la labor se reduce al estudio y aprendizaje del idioma. Hay, sin embargo, otros total– mente desconocidos y sin formar. En éstos se requiere paciencia, sacrificio y constancia hasta ponerse en comunicación con los na– turales y comprenderse mutuamente. Pero en cualquier hipótesis los idiomas desconocidos son siempre un obstáculo para el ejer– cicio del apostolado. Para aprender una lengua con perfección se necesita penetrar en la mentalidad de los que la hablan, adaptar– se a sus expresiones y giros, comprender el alcance de las pala– bras, su significación propia y alegórica; darse cuenta de las ma– nifestaciones de las ideas religiosas y morales, de las formas ge– néricas y concretas, etc. Si esto es difícil aun entre los civiliza– dos, lo ha de ser mucho más entre los salvajes, donde el misio- (1'1 Cfr. J. DE Zu;;zuxr:Gur. El ascendiente tie una cultura superior, en H1umina– re, sept.-oct. 1931, donde se refieren yarios ejemplos diferentes de atracción. F. C. BARLETT trata en los caps. V y VI de los factores psicológicos en la transmi– sión y difusión de la cultura. (21 Cfr. P. G. DUFONTENY, La Méthode ct•Apostolat chez tes non c-ivi!isés, en Bulletin des Míssions de !'A hbayz de St. André íBelgíque), mai-juin, 1927, p. 273.
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