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CAP. III.-MEDIOS DE ORDEN MATERIAL 351 Además de la caridad cristiana practicada por los católicos en los países ya civilizados, deben cooperar también a los gastos ingentes de las misiones los mismos convertidos, principalmente por el trabajo y la explotación del terreno, muchas veces virgen y fructífero. Los Gobiernos deberían también socorrer a los misio– neros y misiones de sus naciones, como lo hicieron antiguamente los Reyes de España y Portugal y los Estados ya civilizados con sus respectivos territorios, que están todavía sin civilizar, como sucede en la República de Venezuela. La desproporción entre los medios y las necesidades económi– cas es grande y el problema reviste una gravedad impresionante. Es, pues, deber de todo católico cooperar en la medida de sus fuerzas al aumento de los medios financieros. Lo exige la caridad del prójimo y nuestra conciencia lo reclama. El Papa Pío XI, en la alocución consistorial del 23 de mayo de 1923, anunciando oficial– mente la Exposición Misional Vaticana tenida durante el Año Santo de 1925, decía: «Los fieles que vendrán de todo el mundo a la tumba de los Apóstoles para celebrar el Año Santo verán de un golpe de vista toda la extensión e importancia de la obra divina, los medios que necesita, las dificultades y obstáculos que debe combatir y superar, lo mucho que se ha hecho y lo muchísimo que falta por hacer, la necesidad y deber indispensable de todos, según sus posibilidades, de ayudar a los heroicos misioneros que, abandonándolo todo y a todos, van a ofrecer su actividad y su vida por la salud de tantas almas redimidas con la sangre de Je– sucristo» (62). § IL-LA MEDICINA Y LAS MISIONES. 479. Juzgamos íntimamente unido a los fines y medios mate– riales de las misiones el problema médico en territorio misional. Además de las enfermedades comunes de nuestros países de Eu– ropa existen otras llamadas tropicales y coloniales. ¿ Quién no ha oído hablar, por ejemplo, de la lepra, del paludismo y otras pla– gas fatídicas que suelen asolar y devastar algunas regiones? A veces los pacientes llaman a los hechiceros que, usando medios primitivos o hechicerías, en lugar de curar las enfermedades, las propagan. Pues bien, ni Jesucristo ni la Iglesia se han olvidado de los padecimientos corporales, porque su caridad bienhechora se extiende a toda clase de necesidades. Pío XI escribía: <cNo ol– viden los misioneros que la manera de ganarse a los indígenas ha de ser la que usó el divino Maestro cuando vivía sobre la tierra. Curó a los enfermos y se compadeció de ellos (63), y dijo a sus (62) Cfr. Act. Ap. Sed., 1923, t. XV, p. 248. (63) Matth., XII, 15.
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