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340 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA 451. l. Bautismo.-Como es sabido, por el bautismo se entra en la Iglesia de Cristo, y nadie podrá salvarse si, in re vel in voto, no renace por el agua y el Espíritu Santo. Para administrarlo se requieren en los adultos la fe, la penitencia y la intención (44). Deben cuidar los misioneros, como varias veces ha exhortado la Santa Sede, que no se reciba ficticia o simuladamente, que hayan abjurado de sus errores o supersticiones y que estén convenien– temente instruídos en las verdades de nuestra fo. Cuándo v en qué condiciones se ha de administrar a los adultos, a los niños y a los moribundos, consúltense los autorizados textos de Teología moral y fas normas emanadas de la Santa Sede (45). Es menes– ter que los misioneros expliquen los deberes de los padres, de los padrinos, el significado de las ceremonias; que instruyan tam– bién suficientemente a los auxiliares y bautizadores en qué oca– siones, de qué manera y con qué condiciones deben o pueden bau– tizar, sobre todo en peligro de muerte. 452. 2. Confinnación.-Por este sacramento augemur in gra– tia et roboramur in fide, y aunque no es necesario de necesidad de medio para la salvación, sin embargo, hay obligación de reci– birlo ( 46). Antiguamente en algunas partes hubo costumbre de confirmar inmediatamente después del bautismo, en otras se es– peraba a los siete años. La práctica es recibir este Sacramento en la niñez o adolescencia. Los Obispos, Vicarios Apostólicos o sacer– dotes con indulto apostólico, harán bien en acomodarse a esta cos– tumbre; mas en la práctica no siempre les será posible. Por esto, su prudencia y vigilancia por la grey, les sugerirá la ocasión más oportuna para que sus neófitos o conversos sean corroborados en la fe. 453. 3. Eucaristía.-J esucristo en la Eucaristía es como un foco intenso que irradia luz esplendorosa a toda la periferia del globo; una fuente perenne de abundantísima agua que brota has– ta la vida eterna y donde bebe la Iglesia su vida sobrenatural y divina. De este sacramento de amor inmenso proceden torrentes de gracias para las misiones ; consuelos y esfuerzos para los após– toles; celo, amor y sacrificio por las almas. El misionero deberá: a) Instruir y preparar suficientemente a los que se acerquen por primera vez a recibir el Pan de los An– geles, enseñándoles no sólo lo principal del misterio, sino incul– cándoles también aprecio y estima grande por este inestimable (44) Cfr. DENZ-B., 798. P. VrcTORIUS AB APPELTER)I, o. M. Cap., Manuale Missíona– riorum pro solvcndís casilrns mora!íbus in regionibus infíde!íbus, Mangalore, 1909; SCHMIDLIN, Kath. Míssíonslchrc, pp. 359 y sigs. (45) Cfr. Jus can., 752 y sigs. (46l Can. 787.

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