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330 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA 439. Auditorio.-Cuando el auditorio es de fieles solamente, ya afianzados en la fe, se podrá permitir una santa confianza fami– liar y fraterna; cuando es mixto, compuesto de fieles e infieles, es necesario usar mayor exactitud y prudencia en la exposición, para que no padezca detrimento la palabra de Dios y se dé lugar a falsas interpretaciones; cuando se compone sólo de infieles, no se debe demostrar desprecio por las religiones ajenas ni ridiculizar sus falsas deidades y cultos; porque el desprecio no es argumento, y sólo consigue alejar las personas. Más se conseguirá por la demos– tración de la verdad, por la evidencia de los argumentos que con– vencen, pero no irritan. El buen misionero arroja la semilla, la cual, si cae en buen terreno, fructificará a su debido tiempo. La semilla es la palabra de Dios. Semen est verbum Dei (11). 440. Lengua.je.-El misionero se esforzará en predicar en la lengua nativa de los oyentes con la mayor corrección y perfección posible; así le oirán con más agrado y le entenderán mejor. Aunque los indígenas comprendan otras lenguas extranjeras, sin embargo, piensan y sienten en la propia lengua (12). En otra parte hemos ha– blado de la necesidad de aprender bien la lengua y la literatura del país, cosa tan recomendada repetidas veces por la Santa Sede. 441. Adaptación.-El misionero debe adaptarse en la materia, en la forma, en cuanto a lugar y tiempo, a los oyentes y a las circunstancias con un criterio prudente y evangélico. No debe buscar siempre para predicar el púlpito o las gradas del altar, sino predicar con celo y discreción dentro y fuera de casa, en la escuela. en lo:c; caminos, en las familias, en los centros de reunión, dondequiera que pueda instruir, edificar, exhortar y sembrar la buena semilla evangélica (13). 442. Preparación. - Es cierto que el misionero debe predicar opportune et 'importune, que no debe avergonzarse del Evangelio, porque Jesucristo le ha constituído su maestro; pero es necesario que prepare convenientemente la materia, y el modo de exponerla a la inteligencia del auditorio. San Francisco aconsejaba a los predi– cadores que fueran «examinadas y castas sus palabras, a utilidad y edificación del pueblo, anunciando los vicios y las virtudes, la pena y la gloria, con brevedad de sermón, porque palabra abre– viada hizo el Señor sobre la tierra» (14). El buen misionero pro– cura estudiar la psicología, la capacidad y los gustos de los oyen– tes, para atraer, persuadir, convencer y convertir. (11) Luc., VIII, 11. (12) Cfr. GREGORIUS VAN BRFDA, o. M. Cap., Die Mutters¡,rache ..., pp. 39-42, Münster, 1933. (13) Más adelante hablaremos del problema de la adaptación. (H) Regla ele los Frailes Menores, cap. IX.

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