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CAP. III.-MEDIOS DE ORDEN RELIGIOSO 329 per verbum Christi (4). El primer deber y el primer medio que debe usar el misionero es la predicación del Evangelio, anunciar la doctrina salvadora de Jesucristo. El misionero es menester que repita con San Pablo: Vae enim mihi est, si non evangelizave– ro (5). Este es el medio indispensable y capitalísimo del oficio apostólico practicado por Jesucristo, los Apóstoles, los discípu– los y los misioneros en los diversos períodos de la historia de las misiones. La Congregación de Propaganda, en las exhortaciones que dirigía a los misioneros en 1669, decía: Apostolici mnneris praecipuum caput esse praedicationem, eoque potissimum omnem animi cogitationem ac studium referre missionarium, nema est qui non intelligat (6). Por razón de brevedad no aducimos otros testimonios (7). 438. Formas de predicación.-Las verdades religiosas se pue– den predicar de varias maneras, según los fines del predicador, la cualidad de las personas, las circunstancias de tiempo y lugar: a) Por la instrucción privada de la doctrina cristiana, sea en las casas de misión, sea a domicilio. Saltan a la vista las dificultades y el campo restringido que este método ofrece. Será viable alguna que otra vez y en casos excepcionales, como sucede en algunas regiones de herejes. b) Por medio de la catequesis de niños y adul– tos, para catecúmenos y neófitos, donde se les prepara e instruye para recibir el bautismo y afianzarse en la fe (8). c) Por medio del coloquio familiar, de la plática sencilla, de la homilía evangéli– ca, de sermones dogmáticos y morales, acomodados a la capacidad de los oyentes, buscando, más que la retórica y el buen decir, la edificación y el fruto de los oyentes. Los puntos doctrinales deben, por lo regular, tener la preferencia, procurando dar a conocer a Cristo y su doctrina (9). Con cautela y prudencia se puede usar el diálogo, las disputas, los discursos y las conferencias apologé– ticas, por hombres competentes, de solvencia científica, que puedan exponer con dignidad las cuestiones y resolver, en caso necesario, las objeciones de los adversarios (10). (4) Rom. XIV, 11. (5) I Cor., IX, 16. (6) Monita ad missionarios, cap. IV, art. I, p. 48. Romae, 1886. (7) Cfr. Scm,IIDLIN, Kath. Missionstchre, pp. 344-359; FABREGUES, .4djumcntum regiminis, n. 102; D. ScuILLING, O. F. M., De momento praedicationis apuci infidcles, en Actio Missionaria (Tokyol. 1935, fase. 17, mense julii. (8) Trataremos más adelante de la catequesis. (9) «Illa ,prima ac praecipua cura esse debet ministri Evangelii ut gentilibus Christum annuntiet, cum sit nullum aliud nomen sub coelo datum hominibus ad salutem consequendam. Neque vero potest quisquam aliud fumlamentum ponere. neque e-st aliud ostium neque via alia ad vitam aeternam. Haec ergo prima et ma– xima Evangelici catechistae praece,ptio sit, ut Neophytus Christum teneat et memoria ac inteligentia menteque quantum capax est, capiat» ... ; AcosTA, De Procuran.da In– dorum saLute, l. 5. 439. (10) Cfr. Sínodo de Nagasaki, 1890, Acta et Decreta, 103.

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