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326 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA calles, secar pantanos, tronchar árboles maléficos y plantar los fructíferos; tiene que sembrar y recoger, talar los bosques y hacer florecer los desiertos; así ejerce todos los oficios; su vida la pasa del altar a la cátedra; de la pila bautismal, al confesonario; de la cuna del recién nacido, al lecho del ago– nizante; de la iglesia, a la escuela, al asilo, a la cantera, al laboratorio; ningún oficio le humilla, ninguna necesidad le retiene, ninguna empresa le desanima; de sus manos, de sus ojos, de su corazón, de sus labios, de su fe, salen ríos de luz, de bondad, de civilización, de religión, sin que ninguna idea de lucro le impulse; no exige ni oro, ni perlas, ni abalorios, ni vesti– dos de subido precio; lo que da, lo da gratuitamente. Para encontrar pa– labras capaces de traducir tanta generosidad, tanto desinterés, es preciso recurrir a las Sagradas Páginas y aplicar al discípulo lo que se dijo del Maestro: Se entregó a sí mismo sin reserva y sin ambición ... » (35). Este es el resumen de los fines misionales, llevando al hombre caído, que está fuera de la Iglesia católica, la salud del alma y del cuerpo, los bienes sobrenaturales y los naturales, los individua– les, familiares y sociales. (35) Citado por el P. J'.'L<NNA, La conversione del mondo infede!e, pp. 157-158, Milano, 1920, y por los PP. SILVESTRI-PAMPLONA, Ite... Lo que debe saber un misio– nero, pp. 159-160.
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