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CAP. II.-FINES DE LAS MISIONES 325 De aquí la necesidad de fomentar el trabajo y la agricultura, la industria, el comercio y los demás medios de vida material (34). Son indispensables la honesta y debida indumentaria, los me– dios higiénicos para la conservación de la salud corporal, la cons– trucción de casas, cultivo de propiedades, etc. En la colonización de los pueblos, en la civilización de los sal– vajes, en el establecimiento de obras de beneficencia, en el sanea– miento de terrenos, cultivo de propiedades, construcción de vías de comunicación, etc., se prueba que el misionero ha dedicado una parte de su actividad y celo a estos fines secundarios. De estos fines individuales resultan también otros colectivos y sociales del apostolado. 434. d) ORDEN FAMILIAR Y SOCIAL.-!. Para el establecimiento del orden familiar es necesario sacar a los errantes y nómadas de las selvas, reuniéndoles en el hogar doméstico con domicilio propio, formando poco a poco los pueblos, desterrando la poligamia y el divorcio, uniendo los cónyuges en matrimonio cristiano, dignifican– do la mujer, atendiendo a la educación de los hijos y recta forma– ción de la familia, primera base del orden social. Ejemplo admira– ble de esto tenemos en las célebres Reducciones del Paraguay y del Caroní venezolano. II. De las familias bien organizadas se irán formando los mu– nicipios, las provincias, las regiones y los Estados. El régimen po– lítico debe ser acomodado a las necesidades y legítimas aspiraciones del país. III. Conviviendo el Estado, debidamente constituído, con la Iglesia bien organizada, armonizados sus derechos y deberes, se– gún los principios éticos y canónicos; cultivando la agricultura, el comercio, las ciencias y las artes, es como se llegará al pleno desarrollo del ser humano y cristiano. Todas estas finalidades las resume el P. Janvier en las siguientes pala– bras: «Los misioneros, como maestros de primeras letras, tienen que ilumi– nar aquellas oscuras cabecitas, machacar una y mil veces con niños, adultos y viejos las ideas y formulismos religiosos; como sacerdote, tiene que bau– tizar, predicar, casar, absolver y celebrar el Santo Sacrificio; como médico, farmacéutico y enfermero, tiene que visitar y asistir a los enfermos, prepa– rar los remedios y aplicarlos, construir los féretros y sepultar a los muertos; como abogado, tiene que defender a los pequeños contra los grandes; a los extranjeros, de los golpes de los indígenas ; a éstos, del yugo de los extran– jeros; como juez y pacificador, tiene que reconciliar a los enemigos e im– pedir la efusión de sangre; como carpintero, labrador, albañil, operario, arquitecto e ingeniero, tiene que fabriear casas, iglesias, ciudades, trazar (34) R. ALLIER, La. psyohologie de la. oonvcrsion oh.ez les pcuples non civi!isés, t. I, pp. 28-38; t. II, cap. IV, París, 1925. P. HENRY, Some as1Jccts of the labour prob!em in China, Geneve, 1927. G. B., A propos des questions sociales, en Bullctin des Missions, mayo-junio 1923, 'PP· 133 y sigs.

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