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320 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDIO. Son muchas las razones que evidencian la necesidad del clero indígena _para la organización y estabilidad de la Iglesia. No obstante ser tan obvias, indicaremos algunas: a) Por razón de la distinta índole étnica los misioneros no podrán acomodarse per– fectamente al país donde viven; permanecerán siempre como exó– ticos, porque es prácticamente imposible despojarse por completo de su naturaleza y de sus costumbres adquiridas. La mentalidad propia depende mucho de la raza, de las tradiciones, de la sangre, de la lengua, del atavismo, etc., que forman una segunda natura– leza. b) Por razones históricas y políticas, que constituyen una conciencia colectiva y una psicología nacional de independencia de poderes extraños, los cuales se hacen frecuentemente más odio– sos todavía por la explotación y el despotismo del más fuerte. e) Añádanse a estas causas de índole natural el prepotente nacio– nalismo moderno, las ideas revolucionarias infiltradas en muchos países, el despertar a una cultura superior en algunas naciones, las fáciles y rápidas comunicaciones de los pueblos primitivos con los más civilizados y otros factores de intensa in.fluencia en la vida misional, y se comprenderá la necesidad de la organiza– ción y formación de sacerdotes del país nativo para la estabilidad del catolicismo. No nos detenemos más en demostrar este punto, definido ya por los Romanos Pontífices y sostenido por todos los misionólogos modernos. Las objeciones, que algunos suelen opo– ner, proceden de prejuicios preconcebidos, de falta de compren– sión adecuada de la catolicidad y fecundidad de la Iglesia de Jesucristo; son espíritus pusilánimes que desconfían del poder sobrenatural de la gracia, o soberbios que prefieren su parecer al de los Pastores supremos del apostolado (30). 427. Formación.-«Es doloroso -escribe Benedicto XV- que haya países en los que hace ya muchos siglos que fué propa– gada la fe católica, y en donde no se encuentra clero indígena, si no es de mala nota; es doloroso igualmente que haya pueblos iluminados hace tiempo con la luz del Evangelio, que de la bar– barie se elevaron a tan alto grado de civilización que tienen hombres eminentes en toda la variedad de artes civiles y, sin embargo, investidos hace ya muchos siglos por la saludable vir– tud del Evangelio y de la Iglesia, no han podido producir todavía ni obispos que los rijan, ni sacerdotes cuya doctrina se conquiste el acatamiento de sus conciudadanos» (31). No hay duda que (30) Cfr. CARMINATI, H Problema miss., pp. 236 y sigs.; SCUM1DUN, Kath. Mis– sionslehre..., 'PP· 262 y sigs., 291 y sigs.; V. G. DuFONTE.'fY, C. SS. R., Les griefs des indigenes, en Aut01tr du problemc de L'adaptation. Compte rend. de la quat. Sem. de miss., de Louvain, 1926, p. 20. (31) Maximum illud, Act. Ap. Sed., 1919, t. XI, p·p. 445-446.

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