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CAP. II.-FINES DE LAS MISIO:O."'ES 317 424. 3. Fin específico.-El fin específico de las misiones, lla– madas comúnmente extranjeras, es la fundación y organización de la Iglesia católica hasta llegar al estado de perfección que es necesario para poder vivir por sí misma e independientemente de otras. Los misioneros no deben proponerse solamente predicar el Evangelio, convertir los hombres a la fe católica; es necesario que se esfuercen por proporcionarles los medios ordinarios de sal– vación establecidos por Jesucristo, los cuales se encuentran sólo en la Iglesia, extra quam nulla salus. Plantar la Iglesia, dilatarla, consolidarla de una manera estable, permanente, perfecta y jerár– quica, tal como la quiere Cristo, a fin de que todos puedan dis– poner de los medios ordinarios de salvación, es el fin específico que debe intentar todo misionero. He aquí el fin de las Misiones extranjeras, por el que se distinguen de las Misiones populares en países católicos. Este fin es preciso tener en cuenta en la estruc– tura de la Misionología. De él hemos hablado en diversas partes de este libro. No se ocultó esta finalidad específica de la evangelización al penetrante genio de San Agustín cuando escribió: «Non enim Ro– manos, sed omnes gentes Dominus semini Abrahae, media quoque juratione promisit; ex qua promissione jam facturo est, ut non– nullae gentes, quae non tenentur ditione Romana, reciperent Evan– gelium, et adjungerentur Ecclesiae, quae fructificat et crescit in universo mundo. Adhuc enim habet quo crescat, donec fíat ... Om– nes gentes quotquot fecisti, venient et adorabunt coram te Domi– ne (Ps. 859). Non enim de locis suis migrando venient, sed in locis suis credendo... In quibus ergo gentibus nondum est Ecclesia, oportet ut sit, non ut omnes, qui ibi fuerint, credant, omnes enim gentes promissae sunt, non omnes homines omnium gentium: non enim omnium est fides (II Thes. III, 2). Quo pacto igitur ab Apos– tolis est praedicatio ista completa, quando adhuc usque sunt gen– tes (quod certissime est nobis) in quibus modo coepit, et in qui– bus nondum coepit impleri» (24). La Iglesia es Madre universal de todos los hombres y como tal no debe ser extranjera en ningún lugar de la tierra; es el arca de salvación en la que deben entrar todos; es el Cuerpo Místico de Cristo, de cuya vida deben vivir todos; es el redil en el cual todos deben entrar. El fin específico de las Misiones es hacer que todos los hom– bres participen de los beneficios de esta sociedad establecida por Jesucristo, como medio ordinario de salud eterna. El fin espe– cífico durará tanto cuanto un territorio se llame con propiedad país de misión, es decir, todo el tiempo necesario para que la Igle– sia esté consolidada de una manera perfecta y permanente. (24) Cfr. Epist. CXCIX, cap. XII, P. L., 33, 922-923.
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