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CAP. II.-FINES DE LAS MISIONES 315 8.ª Alejandro Durand, S. J. (16), intenta probar que las mi– siones se justifican plenamente por el dogma de la Encarnación y hace varias consideraciones acerca de las relaciones analógicas entre la Encarnación de Cristo y la visibilidad de la Iglesia (17). Afirma, además, que si las misiones son un medio normal para la salud de las almas, por el mismo título que la Iglesia visible, ellas no son un medio indispensable para obtener el resultado de la redención, o sea la salvación de las almas. En este caso las mi– siones, en orden a la salvación de los infieles, serán un lujo, un lujo, sin duda, normal, y en ese sentido necesario, pero un simple lujo, cuya utilidad es supererogatoria, y no cambia en nada la economía de la salvación, ni para la simple salvación, ni para la plenitud de la vida sobrenatural (18). 9.ª L. Capéran (19), siguiendo los principios tradicionales de la teología y apoyándose en las relaciones que existen entre la misión de Cristo y su Iglesia, entre la catolicidad de ésta y la universalidad de la redención, entre la Revelación y la gracia, en– tre la fe explícita e implícita, prueba que la necesidad de las mi– siones no está de manera ninguna en contradicción con la posibi– lidad de la salvación de los infieles, sino al contrario, que las dos cuestiones están en íntima relación. En efecto, los medios extra– ordinarios de salvación en los que están fuera de la Iglesia visible son como suplentes provisorios, en la economía de la salud, a los medios normales que proporciona el apostolado misionero (20). 421. Nuestra opinión.-En primer lugar, es de máxima impo~– tancia establecer con claridad y exactitud el concepto de misión extranjera, su extensión respecto a las personas y el significado de tierra de misión. Todas esas nociones las hemos explicado en los preliminares (p. 6-11). Determinadas estas nociones, a fin de evitar confusiones y disputas interminables, es necesario distin– guir bien la multiplicidad y la jerarquía mutua de los fines en el apostolado. El fin del ministerio o de la actividad apostólica puede ser, en orden de dependencia, supremo, genérico y especí– fico: orden de primacía, primario y secundario, esencial o acciden- (16¡ Cfr. Le probleme théologique des Missíons, en Coll. Le Témoignage chrétien, Le Puy, 1942. (17) Cfr. SEUl\101S, O. c., pp. 13-14. (18) Durand escribe: «L'action apostolique est le moyen «normal" du salut te! que Dieu l'a voulu au sein de son Eglise; elle est done nécessaire. Mais si elle oblige l'homme, elle n'oblige <pas Dieu; elle lie nótre action a la sienne. m.ais sans assujettir la sienne a la nótre. Dieu reste indépendant. Finalement, il sauve qui il vcut, car il rpeut se .passer de notre concours.» O. c., p. 27, «On est sans doute toujours souvé par elle (Eglise); mais certains peuvent appartenír á son «ame» sans appartenir a son «corps». O. c., p. 29. (19) Cfr. La mission de L'Eglise et les Missions, en Rev. de !'U. M. C. de France, Oct. 1945, ,pp. 172-179; Janvier 1946, ¡pp. 21-28; Avril 1946, pp. 65-72. 120) Cfr. SEUMOIS, o. C., pp. 14-15
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