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310 P. II.-l\IISIONOLOGÍA JURÍDICA 411. 2. Annonía con el personal misionero.-El nuevo m1sto– nero procurará mantener buenas relaciones con sus Superiores eclesiásticos y regulares, con sus hermanos de hábito, con sus compañeros de misión y con todos los que le rodean. Entre todos debe reinar la caridad fraterna, la buena armonía, el mutuo auxi– lio espiritual y corporal. 412. ~i. La prudencia.-La prudencia más exquisita se debe observar en el trato con los familiares, con los enemigos de la misión, con las gentes desconocidas, con las autoridades del país y aun con los cristianos convertidos. La discreción debe dirigir todas las relaciones sociales del misionero en el nuevo ambiente para él desconocido. 413. 4. Consejo ajeno.--Para no errar -en sus determinaciones será conveniente que se aconseje, en los casos dudosos y difíciles, de los misioneros experimentados y respete su criterio; que no quiera innovarlo todo de pronto; que no sea precipitado, ni se deje arrebatar del celo indiscreto. Dilige homines. et interfice errores. 414. 5. Santo o¡ltimismo.--En medio de las dificultades y quizá decepciones del apostolado, el nuevo misionero debe conser– var un santo optimismo y confianza sin límites en la divina provi– dencia. Enemigos formidables serán la cobardía, la pusilanimi– dad, el desaliento, el pesimismo ... La evangelización será muchas veces obra del tiempo, de la paciencia y de la esperanza. 415. 6. El buen ejemplo.-El misionero debe decir con San Pablo: Imitatores niei estote, sic-ut et ego Christi (12). Los in– fieles, los neófitos y aun los antiguos cristianos se ganarán más por los ejemplos que por las palabras; observarán continuamente qué hace y cómo vive el misionero ; para ellos es el enviado de Dios, que con palabras y obras les muestra el camino de la sal– vación. El misionero tendrá presentes las palabras de San Pablo a Timoteo: Nemo adolescentiam tuam contemnat: sed exemplum esto fidelium in verbo, in conversatione, in caritate, in fide., in castitate (13). 416. 7. Oración.-El m1s1onero, para hacer fructuoso su mi– nisterio, debe fecundarlo con la ora;ión humilde y perseverante. Dice muy bien a este propósito el P. Tomás de Jesús: «His igitur functionibus, oratione ad Deum et oratione ad homines, aposto- (12) I Cor., XI, L (13) I Tim., IV, 12.
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