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CAP. !.-PERSONAL MISIONERO EN TIERRA DE MISIONES 307 Para poder hablar, predicar, instruir, confesar y aun escribir a los naturales, grandes y pequeños, sabios e ignorantes, se ne– cesita aprender su idioma con corrección y hablarlo con soltu– ra (3). Encarecidamente lo recomienda Benedicto XV en la Maximum illud. «Y ante todo--dice--, sea el primer estudio, como es natural, el de la lengua que hablan sus futuros misionados. Ni debe bastar un conocimiento so– mero de ella, sino que debe llegar hasta dominarla y manejarla con des– treza, pues obligado está el misionero no sólo para con los ignorantes, sino también para los doctos, y a la vista salta la benevolencia que granjea entre los naturales el dominio perfecto de su lengua. Un misionero que se precie de diligencia en el cumplimiento de su deber, no encomienda a cate– quistas la explicación de la doctrina, que considerará como una de sus prin– cipales ocupaciones, ya que para eso ha sido enviado por Dios a las Mi– siones, para predicar el Evangelio; además, han de ocurrirle casos, por su ministerio de apóstol y de intérprete de religión tan santa, en los que, por invitación o decoro, se verá obligado a tener que tratar con las autorida– des y hombres de letras de la Misión, y se ve fácilmente el papel que hacen en tales circunstancias los que por falta de manejo de la lengua no saben expresarse correctamente. Tal ha sido uno de los fines que ha poco hemos tenido ante los ojos, cuando, para mirar por la propagación e incremento del nombre cristiano entre los orientales, fundamos en Roma una casa con el intento de que quienes habían de ejercer el ap-0stolado en aquellas tierras saliesen de ella provistos de la ciencia, del conocimiento de la lengua y costumbres y demás requisitos que deben adornar a un buen misionero del Oriente. Esta fundación nos parece de mucha irascendencia, y así, aprovechamos esta ocasión para exhortar a los superiores de lDs Institutos religiosos, a los que se han confiado estas l\'lisiones, que no quieran mandar sin una rica provisión de estos conocimiento:; a los que destinen a las Misiones orientales» (4). 406. 2. Conocimiento del país y de las gentes.-El nuevo mi– sionero, antes o después de salir de la patria, es necesario que es– tudie con la mayor extensión y profundidad posibles otras muchas cosas acerca del país y de las gentes. Es necesario que conozca: a) la geografía de la región bajo sus diversos aspectos; b) la et– nología y psicología de los habitantes; e) las religiones, cultos y ritos particulares; d) la literatura, en el caso que exista, como en la India, China, etc.; e) la historia y las relaciones con otros pue– blos; f) la política, las leyes, el derecho y el estado actual de la nación (5). 407. 3. Otros conocimientos útiles.-Los misioneros tienen que hacer muchas veces de enfermeros y médicos para sí mismos y para los demás, principalmente en países que carecen de médicos (3) Cfr. R. ALLIER, La Ps11c1tologie de ,a con1•crsion chez les peuples non-civilisés, t. I, cap. II, pp. 55 y sigs., Par;,;;. 1925. (4) Act. Ap. Sed., 1919, t. XI, pp. 448-449. Cfr. GREGORIUS VAN BREDA, º· F. M. Cap., Die Muttersprache. Eine missions- und religionswissenschaftliche St11die über die Spraehenfrage in den Missionsgcbictcn. Münster, 1933 (5) Pueden verse otros Jugares, donde tratamos más ampliamente estas cuestiones.

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