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306 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA 403. 4. Aclimatación.-En el campo de operaciones se verá quizá el misionero con nuevas costumbres, nuevos modos de pen– sar, de hablar, de sentir, de vivir, etc. Se impone la adaptación, de la cual hablaremos en otro lugar. Aquí sólo nos referimos a la aclimatación. El organismo del misionero, acostumbrado a un~, vida de relativa comodidad en los países civilizados, tendrá qm, verse en ocasiones mortificado por la escasez y mala presentación de los alimentos, por la pobreza de la habitación, la dureza de la cama e incomodidades de los muebles domésticos. A estas pena– lidades con frecuencia se añadirán la diferencia de clima, de inten– sos fríos o excesivos calores, la molestia de animales dañinos en lugares pantanosos e insalubres, con grandes dificultades para los viajes, etc., etc. Cueste lo que cueste, es preciso irse aclimatando poco a poco hasta lograr acomodar el organismo al medio ambien– te. Con muy buen acuerdo las misiones bien organizadas suelen tener Casas de Misión bien montadas y en lugares sanos, donde puedan permanecer por algún tiempo los nuevos misioneros hasta aclirriatarse. ARTICULO II DE LOS CONOCIMIENTOS UTILES O NECESARIOS AL MISIONERO 404. Preparación remota y próxima.-En otro lugar (pág. 232) y sigs.) hemos hablado de la formación del misionero espiri– tual e intelectualmente ; de las condiciones físicas necesarias, del estudio de la Misionología, etc. Además de esta preparación re– mota que todo candidato debe poseer, cuando pasa de la patria a la misión, se necesita también una preparación próxima, antes de empezar el apostolado. Es necesario que se dedique con todo empeño, durante un discreto período de tiempo, al conocimiento de las cosas que a continuación indicamos: 405. l. El estudio de los idiomas.-Merecen especial atención los idiomas de la misión a la cual uno ha sido destinado. Cuándo será mejor aprenderlos, si antes de partir para la misión o en llegando a la misma, dependerá de las circunstancias. Quizá los idiomas cultos ya formados convendrá estudiarlos antes; otros poco conocidos y no perfectamente formados, sobre el mismo te– rreno misional. Dejando esta cuestión a la prudencia y táctica de los misioneros, nos limitamos a recomendar su aprendizaje por la trascendental importancia que revisten para el cumplimiento de la misión confiada.

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