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304 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA ARTICULO PRIMERO DE LA PATRIA A LA MISION 399. Vocación misionera.-En otra parte (págs. 200-208) hemos hablado de la necesidad de las vocaciones misioneras y de los múltiples medios que hay para fomentarlas. Es una cuestión de máxima importancia para los educadores, principalmente de cen– tros eclesiásticos y religiosos. El candidato que siente la voz de Dios para tan magna empresa debe corresponder con generosidad y revestirse de todas aquellas cualidades útiles y necesarias para cumplir los destinos amorosos de la divina Providencia que le ha elegido como instrumento para extender el reino de Cristo sobre la tierra. La vocación apostólica se puede manifestar de muchas maneras. Las señales no serán en todos iguales, ni siempre claras e infalibles; sin embargo, implorando las luces del Espíritu Santo y pidiendo humildemente consejo a hombres prudentes y experi– mentados, Dios inspirará en cada caso lo que más convenga. Se deben despreciar los escrúpulos de la salud, de la edad, del amor a los parientes y de otras dificultades que suelen salir al paso en los candidatos pusilánimes. Movidos por la gloria de Dios, por el celo de la salvación de las almas y por la dilatación de la Iglesia, marchen confiados en los auxilios divinos (1). 400. l. Despedida.-El candidato que se siente con vocac10n y está debidamente preparado para salir al campo del combate, ante todo, debe pedir y obtener legalmente la misión divina, por medio de la autoridad competente. Adquirir todas las facultades necesarias de sus superiores respectivos, a quienes compete de– terminar el viaje y el lugar de la misión. Armado el nuevo soldado de Cristo con las armas espirituales, científicas y legales necesarias, debe despedirse como un verda– dero Apóstol. Su despedida no conviene que sea muy larga. Cum– plidos los deberes que impone la piedad y la cristiana educación para con la familia, debe generosamente abandonarlo todo: pa– rientes, amigos, pueblo y patria, para consagrarse a la gloria de Dios y salvación de las almas. En la iglesia o casa de donde partan los misioneros será con– veniente hacer alguna solemnidad religiosa y familiar en la que tomen parte los compañeros, colegas, hermanos de hábito y los fieles, para dar la importancia debida al acto y estimular el inte- (1) Cfr. C. SrLVESTRI, O, F. M., Educazione missionaria, part. I, :pp. 27-105, Fi– renze, 1921.
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