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CAP. XL-ORGANIZACIONES MISIONALES 293 abiertos a todas las impresiones, se debe ir formando la silueta in– terna, el perfil moral y el carácter psicológico, no sólo de hom– bres cultos, sino principalmente de verdaderos cristianos. Sepan que la última voluntad de Jesús forma parte integrante de nues– tra fe y de las obligaciones de nuestra vida. ¿No deben acaso los niños ser instruídos en este punto y cumplirlo con fidelidad? La enseñanza cristiana sin la instrucción misional no suministra al niño una idea completa de la religión y le priva de los más nota– bles estímulos de la educación. La niñez es un período de forma– ción y en él se adquieren los hábitos que acompañan después al hombre durante toda su vida. Si en todo el pueblo cristiano debe palpitar un gran espíritu misional, y si este- espíritu debe tradu– cirse en fuerza para la expansión de la Iglesia, es menester que los corazones de los niños se familiaricen y empapen en esta doc– trina (1). Es necesario inscribirles luego en la Santa Infancia, enseñarles en el hogar doméstico y en las escuelas las ventajas de la fe, la desgracia de los que carecen de ella y cuántos niños como ellos no conocen a Jesús. De aquí la necesidad de que los padres, los maestros y profe– sores y todos cuantos están aL frente de La niñez, se informen de los problemas misionales y los enseñen a sus pequeñuelos. Les ayudarán poderosamente para formar el espíritu misional y pro– selitista en sus inteligencias vírgenes, las proyecciones y el cine sobre episodios misionales, las Lecturas acomodadas a su capaci– dad, las representaciones escénicas, las conferencias, los catecismos misionales (2). Para la organización de una fuerte legión infantil misionera es menester que concurran tres factores principales: la madre, el párroco y el méwstro. Puestos en actividad estos tres motores, transformarán a los niños, si no en hombres misioneros, por lo me– nos en niños de espíritu misional. ARTICULO II I,OS ESTUDIANTES Y LAS MISIONES 392. Bibliografía.-- .J. AHTEHO: Lci Universidad y las Misiones (C. M. D. E.), Vitoria, 1!143.---1\'foRC'ELLO CANDI\: Verso una Federazione dei Movi– menti Missionari laici, Roma, 1B50.- .J. E. CHAMPAGNE: o. c., pp. 534-536.- (1) Hablando de la Santa Infancia <lecía Benedicto XV: «Nos querríamos que al ser los niños aco;;ido.::,; ~1 2u ;;orr!bra de Institutos y Co:egios privados, lejos de impe– dirlo, facilitase a los nlfics de nl 1 EE1ros tif:irrJos la int:cripción en la Santa Infancia. Cualquiera que dirija la educación de los niücs no puede hacer cosa mejor que hacer las veces de madre,; y una madre sol'cita del ,lJien de sus hijos, no debiera dejar de inscribirlos en la Obra de ,a Santa Infancia ... ,, Cfr. MAN:,;A, o. c., p. 3fü. (2) Recomendamos el Catecismo Misiona!, 2.a ed., de D. IGNACIO VILLANUEVA, Pamplona, 1942, y el Catccis"1Jo Misio11a!, del P. JosÉ ZAMETA, S. J., Bilbao, 1947.

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