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266 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA 2.º En consecuencia de estos principios debe el sacerdote: a) instruirse en la ciencia misional, según las exigencias de su vocación sacerdotal y conforme a las necesidades de los tiempos presentes; b ), ser apóstol y propagandista incansable de las obras misionales ; e), instruir y exhortar a los fieles acerca de la obliga– ción de cooperar a las obras misionales; sobre el valor de las mis– mas, su organización, fines, ventajas, favores, etc., etc. Para obtener con más facilidad y eficacia éstos y otros muchí– simos frutos, es necesaria la asociación de individuos, la unión de voluntades y la convergencia de esfuerzos y actividades, que se conseguirán indudablemente con la U. M. del C. 359. Origen. - Un sacerdote de Turín sentía la urgente nece– sidad de la acción del Clero en favor de las Misiones, para lo cual ideó y prospectó una Asociación de Hermanos en el sacerdocio que se obligara a rogar, principalmente en la Santa Misa, y a in– teresarse por las Misiones. Como a él, no siendo religioso ni mi– sionero, no le era fácil realizar su proyecto, se lo manifestó a los Padres J esuítas, quienes luego lograron fundar la Liga Apostóli– ca, cuyo fin era rogar y ayudar a las Misiones de la Compañía de Jesús. El Cardenal Richelmy. Arzobispo de Turín, el 29 de mayo de 1915 daba su adhesión a la Liga. Anteriormente, en 1912, en varias diócesis de Alemania, se formaron uniones de sacerdotes (Die Priester-Missionsvereinigiingen), con el fin de suscitar el celo por las Misiones (43), dar conferencias e instruirse en los problemas misionales. Independientemente de estas Asociacio– nes (44), el P. Manna, del Instituto de las Misiones Extranjeras de Milán, comprendiendo que para promover eficazmente en los fieles el espíritu misional y la cooperación a las Obras misiona– les, es necesario ganar y organizar al Clero secular, ya desde el 1908 empezó a pensar en una grande Asociación misional para los sacerdotes. Después de algunas contrariedades y reformas de su plan, en el año 1915 lo aprobaba el Obispo de Parma, Mons. Guido María Conforti, fundador del Instituto de San Francisco Javier para las Misiones extranjeras, el cual lo presentó a Benedicto XV el 27 de abril de 1916. El 31 de octubre del mismo año el Cardenal Serafini, Prefecto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, anunciaba a Mons. Conforti la plena aprobación del proyecto del Padre Manna. Benedicto XV, conocedor de la trascendencia de esta Obra, la recomendó vivamente, manifestando sus deseos de (43¡ Cfr. AHE'-S, Iíandl>ttch der Kath. Miss., p. 312. (44) Cfr. P. G. B. TRAGFLL<. I preC€denti dell'U. M. del C. (Note storiche), en Rü·ista di Studi MissioTUJ.rí, agosto 1922, 'PP- 119-125; V. C. VANZf'-, Il Fermento del Regno, pp. 171-185

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