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260 P. II.-1\IISIONOLOGÍA JURÍDICA peciales y perpetuos, que pagan las cuotas señaladas en el Regla– mento. Pueden inscribirse también los difuntos. Las prácticas piadosas son muy sencillas y breves: Cada miem– bro debe rezar todos los días un Ave María, con la invocación: Virgen María, rogad por nosotros y por los pobrecitos niños infie- 1es. Si los niños son todavía muy pequeños y no saben rezar, bas– ta que lo recen otros por ellos. 346. Gracias y privilegios. - Los asociados ganan muchas in– dulgencias plenarias y parciales; tienen participación en las mu– chas misas que la Obra hace celebrar por intención de los socios vivos y difuntos; ruegan igualmente por las madres cristianas para que sus hijos obtengan la gracia del bautismo y se preparen para la primera comunión; concede, además, extraordinarios pri– vilegios a los sacerdotes, celadores y cooperadores (33). 347. Iniciativ•as.-a) Promueve la Fiesta de la Santa Infancia con solemnidad, en el tiempo más apto, que es desde Navidad a la Purificación. b) Procura la Obra Angélica, que, prácticamen– te. no es más que realizar uno de los fines de la Santa Infancia, ec, decir, el bautismo de los niños infieles. Ofreciendo una deter– minada cantidad para el bautismo de un niño pagano, y otra para el bautismo y la primera educación, se tiene derecho de designar el nombre que será impuesto al bautizado. Estas dos iniciativas han sido recibidas por las familias cris– tianas con grande simpatía. La Obra publica un Boletín Oficial bimestral en lengua fran– cesa: Annales de I'Oeuvre Pontificale de la Sairite Enfance, edi– tado en la Dirección General de París. La Obra, difundida en to– dos los países católicos, prospera y aumenta en número de miem– bros y en ingresos de dinero. 348. Establecimiento en España.-El Gobierno de la Reina Isa– bel II expidió una Real cédula el día 21 de diciembre de 1852, autorizando el establecimiento oficial en España de la Obra de la Santa Infancia. Y el primero de enero de 1853, con la concu– rrencia de inmenso gentío y la asistencia de las autoridades ecle– siásticas y civiles, tuvo en Madrid, en Nuestra Señora de Atocha, el ingreso en la Asociación de la hija de la Reina, entonces Prin– cesa de Asturias, Infanta Isabel. Impúsole el Cardenal de Toledo la medalla, y la Reina inscribió de su puño y letra el nombre de su hija en el registro del Consejo Central de España y en el de París. La Reina se dignó aceptar las medallas de oro, que en nom– bre de la Obra le ofreció Su Eminencia para ella, para la Real Fa- (33) Véase el apéndice II.
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