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256 P. II.-1\USIONOLOGÍA JURÍDICA nuestro y un Avemaría cada día, con la invocación: San Fran– cisco Javier, rogad por nosotros. Para cumplir basta formar la intención de aplicar cualquier Padrenuestro y Avemaría de las oraciones cotidianas, añadiendo la sobredicha invocación. Las ora– ciones son requisito necesario para ganar las indulgencias y pri– vilegios. También se pueden hacer participantes y miembros los fieles difuntos. El llamado Privilegium pauperum, concedido a los socios pobres, de hacer una pequeña oferta mensualmente, fué ratificado y facilitado en 1927 por Pío XI, pudiendo ser miembros dando alguna cosa para las misiones dentro del año. El mismo Pontífice, el día 11 de enero de 1928 fijó las normas para la ins– cripción de los religiosos, y Pío XII, el 16 de noviembre de 1939, extendió el privilegio a los Institutos que no emiten voto de po– breza (24). 338. Indulgencias y privilegios. - Los Sumos Pontífices han colmado de gracias y favores a los socios de la Obra. En muchas festividades del año gozan de indulgencia plenaria, de varias par– ciales en distintas ocasiones, de privilegios generales, de privile– gios especiales para los sacerdotes celadores, para los presidentes y miembros de los Consejos Diocesanos, Nacionales, y especialí– simos a los miembros del Consejo Superior General. Además, con– tiene otros bienes espirituales, como la participación en las ora– ciones y misas que incesantemente ofrecen los misioneros por sus bienhechores, las súplicas de los catecúmenos y neófitos, las ora– ciones de los socios, de las misas que se celebran por los cela– dores y bienhechores, según las normas establecidas. Cada día se celebra una misa en la cripta de la Basílica Vaticana en sufra– gio de los socios difuntos (25). 339. El deber de todos. - Esta es una Obra de apostolado po– pular, necesario y fecundo, que forma la más bella solidaridad cristiana; y es deber de todos fomentarla y extenderla por el con– sejo y la exhortación, de palabra y por escrito, en privado y en público, con el ejemplo y con la acción. Oigamos las palabras del Sumo Pontífice Pío XI: «En cuanto a la Obra de la Propagación de la Fe, es necesario que el pueblo acuda con aquella generosi– dad que reclaman al presente las necesidades de las misiones, en– grosando con las limosnas esta Obra, la principal, sin duda, entre las que favorecen las misiones ... No os avergoncéis, pues, Vene– rables Hermanos, ni os dé pereza el haceros mendigos por Cristo, y por la salvación de las almas, insistiendo con vuestros diocesa– nos por escrito y de palabra, caldeada en la elocuencia del cora- (24) Cfr. Ibíd., [). 110. (25) Véase el apéndice I.
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