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CAP. IV.-ESTUDIO DE LA MISIONOLOGÍA dificadas, criticadas, sistematizadas, proporcionarán elementos de ciencia misional que eviten tanteos inútiles» (4). Sin penetrar bien los principios, sin conocer la teoría, sin orientaciones seguras en el campo del apostolado, la práctica no será siempre acer– tada y con frecuencia será ineficaz... (5). Si el seminarista o el sacerdote no llegan a conocer los principios de esta ciencia, su ob– jeto, derivaciones, aplicaciones prácticas; si no comprende la im– portancia y solución de los problemas misionales; si no siente vi– vamente en su conciencia la necesidad de un apostolado mundial, se podrá afirmar que su formación es, por lo menos, deficiente e incompleta. Constituído ministro del santuario, embajador de Cris– to, tesorero de sus méritos, dispensador de sus gracias, no sabe toda la extensión de su vocación y misión sacerdotal. De manera especialísima los llamados directamente a ocupar las primeras filas del ejército misionero están más obligados a co– nocer con perfección esta ciencia. No falta quien objeta que mu– chos célebres misioneros no estudiaron la Misionología científica. y, sin embargo, produjeron ópimos frutos en el campo de la evan– gelización. Es cierto que no faltan en la historia de las misiones ejemplares que por gracia especial de Dios y dones particulares de la naturaleza convirtieron multitud de almas a la fe y esta– blecieron el reino de Cristo en diversos pueblos y naciones; pero esto nada excluye la preparación científica ... (6). Una prepara– ción sólida, profunda y metódica procurará rendimientos más abundantes y estables en el apostolado, formará sujetos más capa– ces para desempeñar cargos delicados. 315. Cátedras de Misionología.-Los protestantes, con mucha anterioridad a los católicos, trataron de los problemas misionales contemporáneos y enfocaron sus energías a tres blancos princi– pales: la organización, el dinero y la ciencia misionológica. Ya en 1867 abrían en Edimburgo su primera cátedra de Misionología y luego se fueron fundando otras por las naciones protestantes de Holanda, Suiza, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos (7). An– tes de la última guerra mundial se calculaban en un 75 por 100 los Seminarios y Universidades protestantes que tenían cÜrsos de esta ciencia misional. Es forzoso y vergonzoso confesar que los católicos no podía– mos presentar un porcentaje tan elevado; pero no faltan, gracias a Dios, en la actualidad los estudios misionológicos. Se estudia y (4) Dossiers de L'action missionairc, i. 142. (5) TH. OHM,, O. S. B., Grundlegende Missionstheorlc, en Zcitscliríft fiir Mis– sionsw., 1929, t, XIX, p. 26. (6) Cfr. Pío M. DE MoNDREGA.'<Es, El mol'imiento misiono!ógico en la actualida<l Y sus orientaciones científicas, rpp. 28-29, A.sis, 1934. P. P'ERBAL, O, M, L, Lo studio del!e missioni, 'PP· 7 y sigs, ; IDEM, Ritorno a!le foníi, caps. IV-V, Roma, 1942. (7) Cfr. ScHMIDLIN, Einführung in die l\Iissionsw., ¡pp. 1 y sigs., Münster, 1925.

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