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CAP. II.-VOCACIONES MISIONERAS funda por todas las capas sociales, por todas las categorías y cla– ses de personas; porque el precepto de la caridad no es exclusivo de la Iglesia docente, de clérigos y religiosos; es de todo fiel cris– tiano. Para toda clase de personas hay asociaciones apropiadas en España y fuera de ella; y quienes deben darlas a conocer, im– plantarlas, organizarlas, dirigirlas, son los sacerdotes y los reli– giosos. De aquí la necesidad de asociarse, para conocer, estimar y trabajar en favor de la Cruzada misional. El jefe del socialismo Carlos Marx, en un manifiesto que dirigió en Londres a sus corre– ligionarios, terminaba con estas palabras: ¡Proletarios de todo el m1lndo, 1lníos! También yo, con mayor motivo y por mejor causa, puedo decir: ¡ seminaristas, sacerdotes y ,religiosos de todo el mundo, uníos, y dominaréis el mundo entero! 307. 7.º Los ESTUDIOS CIENTÍFicos.-Lo que más contribuirá, sin duda, a fomentar las vocaciones misioneras entre los que aspi– ran a la dignidad sacerdotal será el estudio científico y profundo de la ciencia misional. El conocimiento de sus bases y principios, de su importancia, necesidad y extensión; el estudio de la misión de Jesucristo, de su Iglesia, de los misterios de la Redención y Sal– vación, en una palabra, de todo lo que constituye la Misionología, será más que suficiente para despertar las vocaciones misioneras en aquellos que la divina Providencia llame a las filas del ejército misionero. Pero como de esta cuestión hemos de hablar más ade– lante, no nos detenemos por ahora. Pónganse en práctica los medios indicados y veremos cómo las semillas germinarán con el tiempo hermosos y abundantes bro– tes de celosos misioneros, que, en alas de su ardiente fe y caridad, llevarán la Cruz de Cristo hasta los últimos confines de la tierra.

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