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226 P. II.-MISIONOLOGÍA JURÍDICA Estas palabras, escritas al terminar la primera guerra mundial, se pueden repetir con mayor motivo después de la segunda, mu– cho más desastrosa. Pío XI añade: «Ya sea que miremos la in– mensa extensión de los lugares, que no han abierto todavía sus puertas a la civilización cristiana, ya al ingente número de aquellos que viven privados de los beneficios de la Redención, ya a las ne– cesidades y dificultades que, por la escasez del número, sienten los misioneros, es necesario que los Obispos y todos los católicos trabajen concordemente, a fin de que el número de los sagrados legados crezca y se multiplique (6). 300. Medios para fomentarlas. - Indicamos algunos más co– munes para fomentar el espíritu misional y suscitar las vocacio– nes misioneras. 301. l.º LA ORACIÓN. - Si en toda empresa, natural y sobre– natural, es imprescindible el concurso de Dios, de manera especial en la salvación de las almas, obra sobremanera divina. Esos auxi– lios necesarios se obtienen ordinariamente por la oración. El mis– mo Jesucristo lo dijo: Rogad al amo de la mies que envíe opera– rios a ella (7). Y San Pablo dice: Yo planté, Apolo regó, pero Dios fué quien dió el incremento (8). Dios es quien ha de sus– citar las vocaciones; mas es necesario rogar por ellas. Si quere– mos que Dios envíe nuevos operarios evangélicos, que el Espíritu Santo mueva los corazones juveniles a tan gloriosa empresa, ore– mos con fervor y constancia. El primer medio-dice Benedicto XV (9)-fácilmente asequi– ble a todos, es la oración por la conversión de los infieles; en es– pecial las almas consagradas a Dios pueden ofrecer sus oraciones, misas, sacrificios, penitencias, comuniones, etc., en favor de las misiones y rogar con insistencia que mande Dios operarios a su mies. Todas aquellas personas religiosas que por su profesión no pueden ejercer el apostolado activo, deben, sin embargo, cooperar con la oración y la penitencia. De la gran española, la seráfica Virgen del Carmelo, Santa Teresa de Jesús, decía Gregario XV en la Bula de su canonización: «Lloraba con perpetuas lágrimas las tinieblas de los infieles y herejes, y por iluminarlos no sólo dirigía continuas oraciones, sino ofrecía ayunos y afligía su carne con penitenicas» (10). Y en la vida de la capuchina Santa Veró– nica de Julianis se lee que quería predicar la fe a todos los que no adoran al verdadero Dios. «Hago con este fin-dice-todas mis (G) Cfr. Rerum Ecc!esiae, Act. Ap. Sed., 1926, t. XVIII, p. 70; Cfr. C. SILVEsrnr- M. PAMPLONA, Ite ..., p. 21. (7) Mattli., IX, 36. (8) I Cor., II, 7. (9) Maximum i!!ud, Act. Ap. Sed., 1919, t. XI, nn. 451-452. (10) Cfr. GREGORIUS XV, Omnipotens Sermo b-ei, Bullarium Romanum, t. XII. pp. 575, Augustae Taurinorum, 1867.

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