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CAP. \'.-FUNDA::\IENTOS APOLOGÉTICOS 185 conformes con las pasiones inferiores del hombre. Así que, ha– blando naturalmente, es más fácil hacer prosélitos. En cambio, la Iglesia católica busca, ante todo, la moral cris– tiana, el cumplimiento del Decálogo, el mejoramiento de costum– bres y la santidad de la vida. Rechaza toda clase de vicios, pro– clama la fraternidad universal a base de la justicia y de la caridad. Sus misioneros no intentan lucros materiales, carecen en general de recursos y marchan llenos de celo y de fe en busca de almas para Cristo. Sus virtudes, su ejemplo y su heroísmo rayan en lo maravilloso. Innumerables han sacrificado su vida, derramando su sangre por salvar almas, defender y confesar la fe que predicaban. El que dudare de estos asertos puede ver esas incontables galerías de mártires y héroes que nos presenta la historia de las misiones católicas. La historia de tantos países, que han sido transformados bajo la acción benéfica de la fe predicada por los misioneros, prueba que la obra de las misiones católicas es eminentemente santificadora y civilizadora. 227. c) ArosTOLICIDAD.-Jesucristo confió a San Pedro y a los Apóstoks la misión de evangelizar a toda criatura (12); le,; prometió que estaría con ellos hasta la consumación del mun– do (13), y le aseguró a San Pedro que no faltaría su fe (14). La historia de la Iglesia ha demostrado con evidencia que la Cátedra infalible de la verdad ha conservado incólume la fe, la jerarquía y el espíritu apostólico. Los Romanos Pontífices, cumpliendo el divino precepto de la evangelización del mundo, han enviado en todos tiempos operarios evangflicos a toda clase de gentes. No faltan en estos tiempos quienes afirman que la Iglesia es una cosa vieja, decrépita y gastada; pero los hechos demuestran todo lo contrario, porque está animada de la misma vitalidad de los primeros siglos, multiplica, extiende sus conquistas, funda insti– tuciones, organiza exposiciones, cruzadas misionales, y fomenta con creciente celo e interés toda clase de propaganda misional y misionera. Es necesario que este espíritu apostólico y proselitista vaya cundiendo cada vez más, ahora que las sectas disidentes se mueven y organizan para disputarnos el campo. Duc in altnm (15), navegad con ligereza por el gran mar del mundo de las gentes, para que nuevos pueblos llenos de vigor y de esperanza entren en la Iglesia, que continuamente engendra nuevas almas para Cristo. El pusillus grex, que el Divino Salvador reunió alrededor suyo, se (12) Marc., XVI. 15 (13¡ Matth., XVITI, 20. (14) Luc., XXII, 32. (15) Luc., V, 4.
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