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178 P. I.-MISIONOLOGÍA DOCTRINAL sabrá satisfacer a estos deberes, teniendo siempre en cuenta que es mejor preparar templos vivos del E,spíritu Santo que no fastuosos templos mate– riales; que es más necesario vestir a las almas de la vestidura nupcial de la gracia que no revestir los templos, los altares y los ornamentos de oro; que es preferible socorrer las necesidades extremas del alma antes que las del cuerpo, en cuanto aquélla es más preciosa que éste; que se deben ante– poner los valores eternos a los temporales. ARTICULO IV GRAVEDAD DEL DEBER l\IISIONAL Y MODO DE CU:MPLIRLO 215. Gravedad del deber misional.-No cabe la menor duda que existe el deber misional; pero cuando se intenta hacer aplica– ciones prácticas y concretas surgen no pocas dificultades para re– solver esta espinosa cuestión, poco estudiada todavía por los mo– ralistas. No se trata aquí de la obligación subjetiva, que depende de la conciencia que el sujeto se forma; sino de la objetiva, según la realidad de la ley en sí considerada. Se afirma, generalmente, que la obligación objetivamente es grave ex genere suo. Puede ser que la inobservancia de esta grave obligación sea excusable entre los simples fieles; porque no han sido debidamente instruídos y no se les ha formado con tiempo la conciencia del deber misional; pero la jerarquía y los sacerdotes no pueden jus– tamente alegar una ignorancia inculpablemente invencible. Determinar en concreto el modo y la cantidad de la coopera– ción, la responsabilidad grave o leve de cada individuo, es muy difícil ; porque depende de las personas, condiciones y circuns– tancias que es necesario ponderar en cada caso particular. Quié– nes, cuándo y cómo faltan grave o levemente a los deberes misio– nales, son cuestiones cuya explicación nos ocuparía mucho es– pacio (55). (55) He aquí lo que opina el autorizado P. DAME'.'< sobre el asunto: «Singuli fideles, dice, non tantum precibus suis ,pro extensione regni Dei missionibus subve– nire debent prout docemur in oratione Dominica; verum etiam omnino d'cen<lum videtur hodiedum quicumque superflua habeat ex iis pro viribus etiam missionibus subvenire debere. Deílcientibus enim aliis subsidiis sufficientibus, quae antiquitus forsitan sufficienter habebantur ex ,patrimonio Ecclesiae et dotatione gubernorum christianorum nulla adest ratio cur non singuli pro viribus teneantur. Quapropter, qu:isquis, qui superflua habeat, saltero modicam illam stipem solvere deheret, quae ab operibus missionalibus pontiflciis postulatur; imo si multa superflua habet etiam largius missionibus subveniat oportet. Quae quidem obligatio caritatis attenta gra– víssima de qua agitur necessitatc ex genere suo gravis dicenda videtur, ita ut qui ex multis suis superfluis, vix umquam suppeditaret, objective a gravi peccato "xcusari non possct.-Nota tamen ex dictis non sequi aliquem in particulari teneri fieri missionarius, ob necessitatcm spiritualem populorum infidelium; quia necessitati hujusm,odi permanenti totius generis humanl providerc directe non spec1at ad singula individua, sed ad totam communitatem Ecclesiasticam; quae huic necessitati providet, quantum id pro conditione rerum humanarum fieri potest.>> Cfr. AERT::'-!YS– DAMEN, Theo!. Moralis, t. !, :pp. 265-266, Torino, 1944.
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