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CAP. IV.-FUNDAMENTOS MORALES 175 operarios y puedan llevar a cabo su empresa, es decir, incorporar todos los hombres al Cuerpo Místico de Cristo, ita et in Christo omnes vivificabuntur ( 46). 211. Quinta fuente: el precepto de Cristo.-J esucristo dice a los Apóstoles: Id y enseñad a todas Las gentes ... Predicad a toda criatura... , imponiéndoles un verdadero precepto de propagar la fe por todo el mundo. Es cierto que el precepto se dirige a los Apóstoles y sus sucesores; pero ellos por sí solos no podrían rea– lizarlo sin el apoyo y la cooperación de los fieles; luego, indirec– tamente, y, por consecuencia, también éstos están obligados a con– currir y cooperar a fin de que el precepto del divino Redentor no resulte prácticamente imposible o ilusorio. Los Apóstoles y sus sucesores tienen obligación de trabajar por conseguir el fin, luego también el derecho de exigir los medios necesarios y convenien– tes de todos sus subordinados, sobre los cuales recae el deber co– rrespondiente; porque derecho y deber son correlativos. 212. Sexta fuente: Las exhortaciones de la Iglesia. - La Igle– sia, Madre de todas las almas, depositaria de la voluntad de Cristo y continuadora de su obra, no puede menos de desear, aconsejar y exhortar a todos los fieles a cooperar a la obra urgente de las mi– siones. Los Sumos Pontífices, directamente o por medio de las Con– gregaciones y Prelados, han recomendado, principalmente en estos últimos tiempos, la cooperación espiritual y material a las misio– nes. Estos reclamos a la conciencia de los fieles sobre los deberes misionales se reiteran con vivo interés en las dos Encíclicas misio– nales Maximum illud y Rerwrn Ecclesiae, de Benedicto XV y de Pío XI, respectivamente (47). 213. Corolario.-Como consecuencia de lo que hemos dicho, se sigue el deber que tiene el sacerdote de formar la conciencia mi– sional en los fieles y el modo como debe formarla. Para inducir a los fieles a la cooperación del apostolado misional con frecuencia se suelen presentar la miseria, la barbarie, la incultura en que se encuentran algunos pueblos de tierra de misiones, exagerando o falsificando tal vez la realidad de las cosas, a fin de excitar y con– mover los sentimientos humanitarios y efímeros de los fieles. Es necesario, para formar la verdadera conciencia misional y hacer comprender la obligación de la cooperación, presentar con claridad las verdaderas fuentes o raíces de donde se derivan los argumeri,. tos teológicos, que no dependen de las condiciones económicas o culturales de las naciones, sino que nacen necesariamente de la misma naturaleza de la Iglesia. (46) I Cor.. XV, 22. (47) Cfr. Act. Ap. Sed., 1919, t. XI, p. 453; 1926, t. XVIII, pp. 79 y sigs.
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