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174 P. I.-J\1ISIONOLOGÍA DOCTRINAL considerada la naturaleza de la Iglesia, podemos lógicamente con– cluir que la cooperación de todos y de cada uno de los miembros a la obra de las misiones, que tiene por fin específico plantarla y dilatarla por todo el mundo, es un deber de justicia social en el orden sobrenatural. Esta obligación de justicia pesa diversamente sobre los miembros, según el puesto que ocupan (44). 209. Cuarta fuente: el Cuerpo Místico de Cristo. - Un argu– mento, sustancialmente idéntico al precedente, se puede tomar de la doctrina paulina acerca del Cuerpo Místico de Cristo. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, cuya alma vivificante es el Espíritu Santo. La Cabeza de este Cuerpo es Jesucristo mismo, los miem– bros son todos los que por medio de la fe y de la gracia, que se recibe en el bautismo, quedan incorporados a Él, formando así un solo organismo sobrenatural análogo al organismo corporal. En todo organismo corpóreo naturalmente debe verificarse la ley del desarrollo hasta que llegue a la perfección que le es debida según su naturaleza; lo cual no es una función particular de este o aquel órgano, sino que simultáneamente cada célula, cada órgano, cada miembro debe cooperar según su destino y capacidad. De una ma– nera análoga la Iglesia, Cuerpo Místico y organismo de orden so– brenatural, debe crecer y desarrollarse hasta llegar a la edad ma– dura, y adquirir la perfección que su naturaleza exige. Ahora bien; la Iglesia llegará a su desarrollo completo, a la edad adulta, cuando ya no sea extranjera en ningún país, cuando se extienda por toda la tierra, cuando sea geográficamente católica y abrace toda la hu– manidad. para la cual se fundó. El crecimiento y perfecto desarro– llo de este Cuerpo Místico no puede ser función sólo de algunos de sus miembros: debe ser obra de todos y de cada uno, según la capacidad y finalidad respectiva que tienen en este organismo. En la economía actual de la Providencia, el apostolado misional es el medio que puede conducir eficazmente a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, a su perfecto crecimiento y cabal desarrollo. De aquí se sigue lúgicamente que todo miembro, toda célula de este Cuerpo, es decir. todo católico, directa o indirectamente, de una manera o de otra. según su capacidad y función, debe contribuir y cooperar a la obra de las misiones, in aedificationem corporis Christi ( 45), 210. Esto no quiere decir que todos han de ser misioneros, sino que todos deben trabajar y cooperar para que se multipliquen los (44) Escribe CAnc.n:·;ATI: ,,La Iglesia es un centTo de expansión universnl, que debe Tealizarse 11or la eficaz cooperación de todos sus miembros. prestándose cada uno según el rpuEst,o que ocupa: San Pedro en sus sucesores como Jefe supremo; ioo Apóstoles igualmente en sus sucesores como jefes responsables; y los discípulos (sacerdotes, relüüosos, seglares) en la subordinación a los jefes. ([ problema missío- nario. ll1nnua1n c1 • 1 wiss1ono1ogia, TL 259.) (45) Eph, IV, 12.
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