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172 P. I.-IVIISIONOLOGÍA DOCTRINAL espiritual (34); luego la caridad urge que se les ayude en la ma– nera que se pueda y con el sacrificio proporcionado a la grave– dad (35). A este propósito dice Benedicto XV: «Todos aquellos que por especial gracia del Señor gozan de la fe y participan de los innumerables beneficios que de ella dimanan, procuren no ol– vidar el deber que les impone de coadyuvar a las misiones aque– lla sagrada ley por la que Dios obliga a cada uno a mirar por el bien de s1t prójimo (36), la que urge más gravemente cuanto mayor es la necesidad del prójimo. ¿Y qué clase de hombres más acreedores a nuestro socorro fraternal que los infieles? ... :) (37). <(No hay parél qué detenerse a probar-añade Pío XI-cuánto se aparta de la caridad que nos obliga a amar a Dios y a todos los hombres que aquellos que ya pertenecen al rebaño de Jesucristo no se cuiden para nada de aquellos otros que vagan desgraciada– mente fuera del redil» (38). Y no se diga que esto pertenece a la jerarquía, a los constituí– dos pastores de almas; porque así como un ejército sin armamento y municiones no puede defender ni conquistar, del mismo modo, los misioneros y la jerarquía no podrán defender la fe ni con– quistar el mundo para Cristo sin los medios espirituales, intdec– tuales y materiales del pueblo cristiano. Como dijo San Pec.lro: «Comunique cada cual al prójimo la gracia, según que la recibe, como buenos dispensadores de los dones de Dios, los cuales son de muchas maneras» (39). La falta al precepto de la caridad con el prójimo se conmina con el castigo de la privación de la caridad para con Dios; porque dice San Juan: «Quien tiene bienes de este mundo, y viendo a su hermano en necesidad, cierra las entrañas para no compade– cerse de él, ¿cómo es posible que permanezca en la caridad de Dios?» (40). Aunque el Apóstol habla de la necesidad temporal con mayor razón podemos aplicar el texto a la necesidad espiri– tual, tanto más grave cuanto de mayores consecuencias. El Após- (34) «In necessitate extrema reperitur, qlll sine alieno auxilio aut nullatenus aut solum cum maxima difficultate aeternam damnationem certo et proxime instan– tem effugere ¡potest, ut infans sine baptismo aut haereticus sine poenitentia moritu– rus. In gra11i necessitate spirituali reperitur. qui ex periculo damnationis, quamvis non stricte proxime instantis. sine alieno auxilio solum cum magna difficultate se liberare potest, ut peccator christianus rudis in morte, qui nonnisi cum magna diffi– cultate actum contritionis elicere potest.-In lcvi nccessitate spirituali reperitur, qui ex periculo darnnationis vel ex peccato sine alieno auxilio absque magna difficultate se liberare potest, ut ordinarii ¡peccatores, qui; si ve1lent aliquem conatum adhibere, facile a peccato liberari ve,) ab eo abstinere possent, quin ab aliis iuventur, doceantur -vel corrigantur.» (Cfr. H. Nor.on:, S. J., Sitmma Theol. Moralis, t. II, De praeceptis, n. 75, p. 80, Oeniponten, 1930. (35) Véanse los tratados de Moral cómo y cuándo obliga el precepto de la cari- dad para con el prójimo. !36) Eccli., XVII, 12. (37) Maximum. Wud, Act. Ap. Sed., 1919, t. XI, p. 451. 138) Rcrum EccLesiae, Acr. Ap. Sed., 1926, t. XVIII, p. 68. ,39) T Petr., IV, 10, 140) I Joan., III. 17.

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