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C.\P. IV.· -·FCSDAl\iENTOS MORALES 171 ridad para con Dios exige que no sólo procuremos con todas nues– tras fuerzas aumentar el número de aquellos que le conocen y adoran en espíritu y verdad, sino también que sometamos al imperio del amantísimo Redentor cuantos más podamos, a fin de que resulte cada día más fructuosa la utilidad de su sangre y nos hagamos más aceptos a Él, a quien ninguna otra cosa puede ser más agradable que los hombres se salven y vengan al conoci– miento de la verdad» (32). b) Los deberes de piedad que, comn hijos adoptivos de Dios, tenemos para con nuestro Padre celestial. piden que hagamos lo posible para darle a conocer por todo el mundo y nos esforcemos en multiplicar los hijos que le amen y glorifiquen. c) Además, por la virtud de religión, estamos todos obligados a tributar culto individual y social a Dios. En el pre– sente orden de cosas, la Iglesia católica es la única sociedad que lP puede tributar el culto tal como él lo ha establecido. Ahora bien; uno de los principales actos del culto es el sacrificio cris– tiano, para el cual son necesarios sacerdotes y otros objetos indis– pensables, a fin de que pueda ofrecerse como es debido. Luego la Iglesia debe enviar sacerdotes a todas partes para ofrecer el sacri– ficio santo, la oblación pura: pero no de un modo cualquiera, sino con todos los medios y con todos los auxilios para que el altar sea erigido establemente, y todos los pueblos concurran y tributen el honor y obsequio debidos a la Majestad divina. «Quitad-dice Lazzarini-la idea de un culto universal. único en la Iglesia; qui– tad el Sacrificio visible, al cual todos deben participar, para pres– tar a Dios el culto a Él reservado; entonces necesariamente qui– taréis la razón de la necesidad de la propagación ele la religión en el mundo, necesidad que nace del deber del reconocimiento inc.li– vid1tal y social, de nuestra dependencia de Dios. Quitad la idea de una Iglesia visible, a la cual de alguna manera deben perte– necer todos los hombres para obtener la salud, y reduciréis la Iglesia a una sociedad de predestinados, escogidos por puro arbi– trio divino, y así comprenderéis que la idea misionera resulta un contrasentido y el ejercicio de ella una contradicción» (~-l3). 206. Segunda fuente: la caridad debida a nuestros prójimos.– El deber misional se manifiesta también claro en el precepto de la caridad para con nuestro prójimo. La obligación de socorrerlo es proporcionada a la necesidad que tiene de nuestra ayuda. Aho– ra bien; los que viven fuera de la Iglesia católica, única arca de salvación, pueden encontrarse en leve, grave o extrema necesidad (32) Cfr. Act. Ap. Sed., 1926, t. XVIII, p. 68. (33¡ H dovere socia!e e individuale della cooperazione missionaria, en Teología e Missioni, p. 107.

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