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168 P. I.-MISIONOLOGÍA DOCTRINAL Petro, cuius Cathedram obtinemus, sed omnibus Apostolis, quo– rum vos in locum successistis J esum Christum praecepisse : Eun– tes in mundum universum, praedicate Evangelium omni creatu– rae: unde liquet propagandae fidei curam ita ad nos pertinere, ut in laborum societatem Nobiscum venire, Nobiscum in hac re adesse, quantum singularis ac propria vestri perfunctio muneris sinit, sine ulla dubitatione debeatis» (23). Tanto Benedicto XV en la Maximum illud (24) como Pío XI en la Rerum Ecclesiae (25) exhorta a los Obispos a procurar y conservar las vocaciones mi– sioneras, urgentes por la escasez de los operarios evangélicos; a fomentar el espíritu misionero en el pueblo cristiano, a fin de que cooperen, en la medida de sus fuerzas, a las apremiantes necesi– dades de las misiones católicas. Es claro que a los Prelados que «están al frente de las sagradas misiones incumbe más de cerca el deber de propagar la fe; y en ellos, más que en ningún otro, ha depositado la Iglesia la esperanza de la amplificación del cris– tianismo» (26). 200. 3. El deber misional de los sacerdotes. - Después del Sumo Pontífice y de los Obispos, los sacerdotes están obligados a cumplir con la parte que les corresponde en el mandato de Cristo. En el caso de una vocación divina al apostolado, con la legí– tima misión y la debida autorización, deben prestarse para ir a tierra de infieles a predicar y enseñar personalmente la fe católic&. Si a esto no se sienten llamados, deben, en las Iglesias ya forma– das de los países católicos, cooperar con todas sus fuerzas a la propagación de la fe con los numerosos medios que la Iglesia, sobre todo en estos últimos tiempos, pone a su disposición. Si ninguno de los simples fieles puede dispensarse de esta obliga– ción, dice Pío XI, num clerus possit, qui sacerdotium et aposto– latum Christi Domini, miro ipsius delectu ac concessu, particí– pat? (27). Las razones que más adelante aduciremos para probar la obligación de los simples fieles, valen, con mayor motivo, para los sacerdotes que deben servir de ejemplo a los demás (ca– non 124). Para fomentar el espíritu misional, Benedicto XV (28) y Pío XI (29) deseaban y exhortaban a inscribirse en la Unión Mi– sional del Clero, de la cual hablaremos en otro lugar. La misma esencia y dignidad del sacerdocio ya lleva consigo la obligación de trabajar y cooperar a la propagación de la fe por (23) Rerum. Ecc!esiae, 28 febr. 1926, XVIII, pp. 68-69. (24¡ Act. Ap. Sed., 1919, t. XI, p. 452. (25) Act. Ap. Sed" 1926, t. XVIII, pp. 70-71. (26) Ma.rinwm i!lud, Act. Ap. Sed., 1919', t. XI, rp. 442. (27) Rerwn Ecc!esia. Act. Ap. Sed., 192-0, t. XVIII, p. 68. (28) Maximmn illud. Ibíd., 1919, t. XI, ,p. 454. (29) Rerum Ecc!. Ibíd., 192-0, t. XVIII, ,p. 71.
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