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CAP. IV.--FUNDA'.\IENTOS l\10RALES 163 195. Concepto y división.-La propagación de la fe no es sólo un hecho histórico nacido en circunstancias favorables o fortuitas; es un precepto impuesto por Jesucristo, que induce en la Iglesia una obligación grave, a la que no puede sustraerse sin atentar, por lo mismo, contra su finalidad. La Iglesia no es misionera por libre voluntad o por capricho: es y debe serlo por su misma natu– raleza. De ahí la estrechísima obligación moral que pesa sobre ella de propagar por todo el mundo la doctrina. cuyo depósito le confió Jesucristo. Esta obligación pesa sobre la Iglesia en general y sobre cada uno de sus miembros, según la función que deban desempeñar en el Cuerpo Místico de Cristo. El deber misional recat: gradualmente en las diversas categorías de la jerarquía eclesiá,;tica e incluye también la cooperación del pueblo cristiano. Ningún fiel cristiano está dispensado de poner de su parte lo que pueda en esta glo– riosa empresa. Esto nos da pie para dividir este capítulo en los si– guientes artículos: l. Deber misional de la Iglesia en general. 2. Su– jetos del deber misional. 3. Fuentes del deber misional. 4. Gravedad y modo de cumplir con el deber misional. ARTIClJLO PREvIERO DEBER MISIONAL DE LA IGLESIA EN GENERAL 196. La predicación del Evangelio a todas las gentes de la tie– rra y la propagación de la fe católica por todas las naciones del orbe no es solamente un derecho de la Iglesia: es también un grave deber. Jesucristo, su Fundador divino. expresamente lo mandó a los Apóstoles. Los tres sinópticos manifiestan claramente el precepto. San Mateo dice: Entonces Jesús, acercándose, les habló en estos términos: r1 mí se me ha dado toda potestad en eL cielo y en lai tierra; id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre deL Padre. y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñán– doles a observar las cosas que uo os he mandado (1). En San Marcos se lee: Id por todo el mundo; predicad eL Evangelio a to– das las criaturas (2). San Lucas escribe: Era necesario que el Cristo padeciese, y que resucitase de entre los muertos al tercer día, y que en nombre suyo se predicase la penitencia y el perdón (1) Matt/L. XXVIII. J!J, (2) Marc., VI, 15,

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