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CAP. III.-FUNDAMENTOS DOGM:\TICOS 155 nen otra finalidad próxima sino dilatar y establecer el reino de Cristo en todo el mundo, y se entra en él por medio de María. Ad– veniat regnum Christi per regnum Mariae. Por esto, con mucha propiedad se invoca a la Virgen Inmaculada con el título de Re– gina Missionum. 190. Pastora de las almas.-San Juan, en el capítulo X de su Evangelio, narra la bellísima alegoría del Buen Pastor. Jesús se da a sí mismo este dulcísimo nombre. «Yo soy-dice-el Buen Pas– tor, y el Buen Pastor da su vida por sus ovejas ... (218) y conozco a las mías y las mías me conocen a mí. .. (219). Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, y es preciso que Yo las traiga y oirán Mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor» (220). En la úl– tima parte de la alegoría se indican los gentiles que todavía no pertenecen a la Iglesia de Cristo, pero es necesario atraerles. ¡Cuántos millones de hombres existen aún en la tierra que no han entrado en el redil! Si Jesús se llama a sí mismo el Buen Pastor, con razón podremos también denominar a la Madre del Buen Pas– tor Mística Pastora de las almas. Si bien el fundamento de este título sea tan antiguo como la maternidad divina, sin embargo, su uso y devoción es relativamente reciente. Como no todos los lecto– res tendrán conocimiento de su origen, vamos a indicarlo breve– mente. El Venerable P. Isidoro de Sevilla, misionero capuchino (t 1750), profesaba una tierna devoción a la Madre de Dios, y viendo el poco fruto de sus sermones al pueblo, rogaba incesantemente a Nuestra Señora que le inspirase un medio para reducir las almas extraviadas al Buen Pastor. Según una constante tradición, la noche del 15 de agosto de 1703, orando con mayor intensidad, fué consolado con una visión de la Virgen vestida con hermoso traje de Pastora, rodeada de ovejitas, y la Señora le dijo: «Haz pintar mi imagen como me ves y preséntame así al pueblo en tus pre– dicaciones, y los oyentes derramarán abundantes lágrimas.» Obe– deciendo a la inspiración del cielo, encargó al pintor A. de Tovar la imagen de la Divina Pastora como él la quería. El día 8 de sep– tiembre del mismo año la presentó y explicó en Sevilla ante la multitud, que empezó a invocarla y venerarla con el dulce nom– bre de Divina Pastora de las almas. Esta consoladora y simpática devoción se propagó primero en Sevilla, luego los capuchinos es– pañoles la extendieron rápidamente por Andalucía, Valencia, Ca– taluña, Castilla y toda España. Se multiplicaron las imágenes, las capillas, los altares y hermandades en honor de la Madre del Buen (218) Joan., X, 11. (219) Ibíd., X, 14. (220) Ibíd., 16.

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